En la última semana han caído en mis manos un par de libros del poeta peruano César Vallejo. La verdad, leerlos es un viaje al interior de un hombre atormentado en su vida, por demás, siempre un otoñal ocaso. Leer la poesía de Vallejo es ante todo un ejercicio desgarrador y desalentador, no es posible dejar pasar de largo tanta miseria reunida en un pequeño grupo de palabras. Sus obras destacadas, "Los Heraldos Negros" (1918) y sobre todo "Poemas humanos" (1939), donde hace uso de un lenguaje cada vez más crudo; son símbolos de una época conflictiva en su mundo original así como su mundo adoptado, es época de grandes contradicciones, de hambre, de guerra y de muerte en el viejo mundo, y es en ese contexto que cobra vida su obra, en ese tiempo y lugar en donde parece haber renunciado a toda esperanza. La obra de este hombre ha marcado un hito dentro de la poesía latinoamericana, pues su particular estilo y dialéctica, basado en el uso rústico, a veces forzado del lenguaje, que obliga al lector a ir más allá de sus palabras. En el ensayo "Vallejo y Neruda: Dos modos de influir" de Mario Benedetti (1972), éste afirma:
"...El legado de Vallejo, en cambio, llega a sus destinatarios por otras vías y moviendo quizás otros resortes... lucha (Vallejo) denodadamente con el lenguaje, y muchas veces, cuando consigue al fin someter la indómita palabra, no puede evitar que aparezcan en ésta las cicatrices del combate..."
Me gustaría dejar algunos de los poemas que más me han llamado la atención, tal vez para futuras entradas los use, sin embargo, el día de hoy sólo me quedaré con uno muy popular intitulado "Espergesia".
El término "espergesia" no tiene un significado real, oficialmente no existe dentro de nuestra lengua, y tal vez representa una de las tantas contradicciones que se encuentran en tan maravilloso escrito. Es un poema que no sólo se puede leer, tal como he dicho antes, invito a todos a mirarlo con otros ojos, soltando la cruz de las manos y sintiendo las palabras que allí yacen.
Quisiera dar la explicación que he hallado a algunos de los versos, pero prefiero no influir el modo de pensar y sentir de quienes aquí puedan encontrar un rato de esparcimiento. Espero sea de su agrado y tal vez alguien pueda dejar un comentario de lo que opina de este poema, es realmente inevitable sentirse sobrecogido.
ESPERGESIA
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.
Yo nací un día
que Díos estuvo enfermo.
Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Díos estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que mastico... Y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.
Todos saben... Y no saben
que la luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el Misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.
Para terminar como siempre, dejo una buena canción. El día de hoy quiero dejar algo de una fabulosa artista, representante de la lucha por la igualdad. Se trata de Nina Simone, con una excelente canción llamada "Ain't Got No...I've Got Life". Una maravillosa muestra de humanidad...que muy a pesar de todo lo que torpemente creamos, es lo único que realmente tenemos...