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lunes, 1 de agosto de 2011

No hay olvido

No hay olvido (sonata)

Si me preguntáis en dónde he estado
debo decir "Sucede".
Debo de hablar del suelo que oscurecen las piedras,
del río que durando se destruye:
no sé sino las cosas que los pájaros pierden,
el mar dejado atrás, o mi hermana llorando.
Por qué tantas regiones, por qué un día
se junta con un día? Por qué una negra noche
se acumula en la boca? Por qué muertos?

Si me preguntáis de dónde vengo tengo que conversar con
cosas rotas,
con utensilios demasiado amargos,
con grandes bestias a menudo podridas
y con mi acongojado corazón.

No son recuerdos los que se han cruzado
ni es la paloma amarillenta que duerme en el olvido,
sino caras con lágrimas,
dedos en la garganta,
y lo que se desploma de las hojas:
la oscuridad de un día transcurrido,
de un día alimentado con nuestra triste sangre.

He aquí violetas, golondrinas,
todo cuanto nos gusta y aparece
en las dulces tarjetas de larga cola
por donde se pasean el tiempo y la dulzura.
Pero no penetremos más allá de esos dientes,
no mordamos las cáscaras que el silencio acumula,
porque no sé qué contestar:
hay tantos muertos,
y tantos malecones que el sol rojo partía,
y tantas cabezas que golpean los buques,
y tantas manos que han encerrado besos,
y tantas cosas que quiero olvidar.

Pablo Neruda.

miércoles, 28 de julio de 2010

Todo hombre es una historia

Hace algún tiempo alguien me preguntó: "y qué hay de tí, cuál es tu historia". El día de hoy recuerdo esa frase, me hace pensar en que, como rezaba la canción de mi adolescencia, "todo hombre es una historia..."

Podría afirmar que es todo un cliché la idea de que cada hombre es una historia, desde niños hemos oido frases del tipo "cada cual es un mundo aparte", pero yo prefiero la historia, diría el ahorcado en su cadalso: "que el hombre se compone solamente de incurable soledad y añadiduras" y las añadiduras no son más que su historia.

Cada cual lleva a cuestas sus acciones pretéritas, sus victorias, sus derrotas, sus muertos, sus duelos resueltos o no, sus miedos acumulados, sus errores, sus aciertos que le enorgullecen y sus pecados que solo producen vergüenza; su memoria llena de pasado, y sobre todo la tinta con que a cada segundo escribe la siguiente página. Dentro de la historia de cada cual se encuentra la esencia de ese individuo; es desconcertante el hecho de pensar que cuando interactuamos con cualquier persona, en realidad lo hacemos con toda su historia, que sus palabras son una nueva generación de las de sus ancestros, herencia de sus demonios hoy convertidos en miedos y taras, mismos antepasados de quienes han aprendido las plegarias que elevan a sus dioses que les proporcionan esperanza y comodidad.

Al pensar en esto, recuerdo un poema que leí hace un par de años, y quisiera compartir pues fue uno de mis favoritos por algún tiempo. Tal vez puede sonar un poco más "dulce" de lo que acostumbro dejar aquí, pero quién dice que de vez en cuando no puedo hacer una escasa excepción, al menos para fingir que existe un mundo diferente?

Siempre
Antes de mí
no tengo celos.

Ven con un hombre
a la espalda,
ven con cien hombres en tu cabellera,
ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies,
ven como un río lleno de ahogados
que encuentra el mar furioso,
la espuma eterna, el tiempo!

¡Tráelos todos
adonde yo te espero:
siempre estaremos solos,
siempre estaremos tú y yo
solos sobre la tierra
para comenzar la vida!

Pablo Neruda

Este poema me hace recordar el compromiso que implica en las relaciones humanas, el admitir a cada ser con su historia. Las mujeres y los hombres que portamos en nuestros cabellos y espaldas.

Es dificil comprender el hecho por el cual muchas personas insisten, o mejor insistimos, en el deseo de imponer nuestros mundos, doblegando los ajenos. Vano intento diría yo, pues contra la historia es imposible luchar. Puede estar escrita en libros sagrados o sacrílegos, en polvo o en carne, cerrada con cadenas y sellos, pero está allí. Como siempre quisiera pensar en que algún día aprenderemos a reconocer y valorar la historia de cada hombre que se cruza por nuestro camino, respetar que tal vez mil vidas hablan a través de él y nadie nos otorgó el derecho de borrarlas, por más que nuestra vanidad y la historia que la alimenta indique lo contrario.

Para terminar, una vieja canción que mencioné arriba. La verdad no la escuchaba hace muchos años, pues el género ya no me agrada mucho, sin embargo lleva por nombre el título de post y es un buen recuerdo de otra época. La hace Kraken, una banda que ya presenté en un post anterior, del álbum Kraken I, más o menos finalizando la década de los 80.



Pdta: Estos post salen como notas en el facebook, el post original se encuentra aquí.

sábado, 22 de agosto de 2009

Puedo escribir los versos más tristes esta noche

El día de hoy me encontré con algo que no leía hace ya algún tiempo. Es un poema bastante conocido de Pablo Neruda, algo triste como su nombre lo indica, pero al final bello. Las palabras sobran en esta oportunidad...

Puedo escribir los versos más tristes esta noche

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo : 'La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos'.
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos arboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Pablo Neruda.

Definitivamente, entre más lo leo, más me gusta. Bien, dejo el audio del mismo poema por si acaso alguien quiere escucharlo. Como siempre me gustaría conocer sus opiniones.



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