Sobre qué?... cualquier cosa, música, filosofía, poesía, y lo que sea que se nos venga a la cabeza.

lunes, 1 de agosto de 2011

No hay olvido

No hay olvido (sonata)

Si me preguntáis en dónde he estado
debo decir "Sucede".
Debo de hablar del suelo que oscurecen las piedras,
del río que durando se destruye:
no sé sino las cosas que los pájaros pierden,
el mar dejado atrás, o mi hermana llorando.
Por qué tantas regiones, por qué un día
se junta con un día? Por qué una negra noche
se acumula en la boca? Por qué muertos?

Si me preguntáis de dónde vengo tengo que conversar con
cosas rotas,
con utensilios demasiado amargos,
con grandes bestias a menudo podridas
y con mi acongojado corazón.

No son recuerdos los que se han cruzado
ni es la paloma amarillenta que duerme en el olvido,
sino caras con lágrimas,
dedos en la garganta,
y lo que se desploma de las hojas:
la oscuridad de un día transcurrido,
de un día alimentado con nuestra triste sangre.

He aquí violetas, golondrinas,
todo cuanto nos gusta y aparece
en las dulces tarjetas de larga cola
por donde se pasean el tiempo y la dulzura.
Pero no penetremos más allá de esos dientes,
no mordamos las cáscaras que el silencio acumula,
porque no sé qué contestar:
hay tantos muertos,
y tantos malecones que el sol rojo partía,
y tantas cabezas que golpean los buques,
y tantas manos que han encerrado besos,
y tantas cosas que quiero olvidar.

Pablo Neruda.

martes, 17 de mayo de 2011

Poemas morales

Francisco de Quevedo, poeta barroco (1580 - 1645) fue un prominente hombre de su época, de noble cuna y prolífico a la hora de su producción literaria, representante del estilo conocido como "conceptismo". Bien, hasta aquí de historias pues este no es un blog de biografías.


Dentro de los motivos de Quevedo se encuentra una serie de poemas que se pueden clasificar como "poemas morales", una característica que puede encontrarse en otras obras de la época llamada "de oro" en España. Son estos poemas los que más me llaman la atención de Quevedo y a los que quiero dedicar esta entrada. Para ello he seleccionado dos poemas titulados "Que desengaños son la verdadera riqueza" y "Prevención para la vida y para la muerte".

Que desengaños son la verdadera riqueza

¿Cuándo seré infeliz sin mi gemido?
¿Cuándo sin el ajeno fortunado?
El desprecio me sigue desdeñado;
la invidia, en dignidad constituido.

U del bien u del mal vivo ofendido;
y es ya tan insolente mi pecado,
que, por no confesarme castigado,
acusa a Dios con llanto inadvertido.

Temo la muerte, que mi miedo afea;
amo la vida, con saber es muerte:
tan ciega noche el seso me rodea.

Si el hombre es flaco y la ambición es fuerte,
caudal que en desengaños no se emplea,
cuanto se aumenta, Caridón, se vierte.

Excelente, a mi parecer, el trato que da Quevedo a algunos males que aquejan el cotidiano hombre. La envidia, desdeño, odio permanente; son retratados en el el quejido de este hombre atormentado por su mundo ruinoso.

Prevención para la vida y para la muerte

Si no temo perder lo que poseo,
ni deseo tener lo que no gozo,
poco de la Fortuna en mí el destrozo
valdrá, cuando me elija actor o reo.

Ya su familia reformó el deseo;
no palidez al susto, o risa al gozo
le debe de mi edad el postrer trozo,
ni anhelar a la Parca su rodeo.

Sólo ya el no querer es lo que quiero;
prendas de la alma son las prendas mías;
cobre el puesto la muerte, y el dinero.

A las promesas miro como a espías;
morir al paso de la edad espero:
pues me trujeron, llévenme los días.

Este último poema pertenece a una secuencia, si se le puede llamar así, de trabajos en donde Quevedo comienza a saludar a la muerte. Rinde homenaje al tiempo que pasa, mira casi con desdén el acto de vivir que empieza a verse como el acto de morir, v.gr., "ni anhelar a la Parca su rodeo".

Es particularmente en esta serie de poemas donde el contenido moral eleva su carácter, con frases del calibre de "Sólo ya el no querer es lo que quiero", donde los afanes de la juventud se han terminado, y ya el hambre de posesión si bien no es ni será saciada, al menos empieza a sentirse menos agobiante.

Para terminar, una canción que me encanta, originalemte de Dead can Dance, más en este caso en un cover a manos de Ulver. Se trata de "In The Kingdom Of The Blind The One-eyed Are Kings", una frase que recuerdo haber escuchado miles de veces.

In The Kingdom Of The Blind The One-eyed Are Kings





PD. Sirva esta entrada para recordar que hoy se conmemoran dos años de la muerte del poeta Uruguayo Mario Benedetti.

lunes, 11 de abril de 2011

Sobre Funes y la Memoria...

Debo admitir que últimamente, no estoy muy prolífico en cuanto a escritos está relacionado. Menos aún mis acostumbradas lecturas, que prácticamente se redujeron a jornadas en trenes, aeropuertos, estaciones y demás sitios y/o medios en que me transporto cuando viajo ocasionalmente. En medio de una de estas jornadas, cargué entre mis cosas con un par de joyas de la literatura latinoamericana, los dos famosos libros de cuentos del maestro Borges, "El Aleph" (1949) y "Ficciones" (1944); textos que bien se pueden considerar como excelentes compañeros de viaje, incluso hay quienes les ven como material indispensable dentro de la valija de cualquier viajero, que pueden ser disfrutados una vez tras otra, sin perder la vigencia y la capacidad de maravillar que traen entre sus páginas.

Son muchas las historias que albergan estos dos libros, las cuales sobra decir, cualquier persona que se precie de disfrutar de la literatura latinoamericana debe poseer. Historias que deambulan entre el realismo histórico y la ficción metafísica o cosmológica -como si hubiera de otro tipo-, entre herejías sociales y máximas filosóficas, en donde se mezclan las alucinaciones, los relatos, los sueños, los recuerdos y hasta las premoniciones de sus personajes, todo esto acompañado de un profundo y amplio conocimiento humano. La mayoría de ellas comparte sobre todo una característica, son historias dedicadas a la vida y a la muerte, a los vericuetos de la parca tras los hombres, y a las acciones en que estos últimos incurren para evitarla o engañarla, aun para llegar más pronto a ella; al fin y al cabo, de qué otra cosa puede un escritor digno de respeto hablar, más que de la vida y la muerte?

Sobre cualquiera de estas historias podría hacer una entrada; sus particulares sociedades ficticias, con sus sacras lenguas que llenan los anaqueles de las maravillosas empero extrañas bibliotecas. Podría hablar sobre sus muertos, o sus vivos que mientras mueren en el camino al patíbulo regalan al mundo su obscura verdad, o muertos a quienes dios les concede la gracia de vivir un año en un instante infinitamente pequeño, sólo para terminar de escribir un poema; de guerreros abatidos en combate que regresan para cambiar la vergüenza encerrada en su final, o por qué no de traiciones y mezquindades, características sin las cuales un hombre no podría saberse como tal. Quizá podría hablar de sus inmortales, a quienes su eternidad los arrojó a las obscuras cavernas de la inconsciencia, o más aún, de la infinita gloria de su Aleph encerrado en el sótano de una casa cualquiera.

Pero no, de toda esta montaña de fantasía e histrionismo, me he quedado con una particular, la historia de Funes, el memorioso.

Por qué Funes y no todos los demás? quizá porque Funes representa la diferencia, el ciclo infinito. Todo ser humano, indiferente de la escala de miseria en que se encuentre su existencia gozará del mismo regalo, su cuello será pasado por la faca del tiempo y la memoria. A Funes para la mayor de sus desgracias, este don le fue arrebatado, al menos el del olvido.

"...Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto)..."

Mejores palabras no pudo encontrar el maestro Borges para comenzar una historia, relatando en primera persona, cumpliendo con un deber adquirido por el mero hecho de haber conocido tal prodigio de la vida, un póstumo homenaje a Ireneo Funes.

Muchas veces he hablado de la memoria, de los recuerdos, del hecho de describir a un hombre solo por su pasado, o de éste como su principal material constitutivo. He llegado casi al punto de rendir culto a esta cualidad, simplemente porque a mi juicio memoria es sinónimo de aprendizaje, un hombre que no recuerda su historia está muerto desde el punto que empezó a olvidarla, así ésta inevitablemente sea "una historia llena de infamias" como sabiamente alguna vez apuntó Julio Cesar, o peor aun, como la ya manida frase, condenado a repetirla. Pero, hasta dónde la memoria?

Funes empezó su vida como un hombre corriente, diría más como un "cimarrón" que como un "Zarathustra" -como alguien llegó a describirlo-, en una locación olvidada del bien y del mal, donde los días son equivalentes a sus noches, simplemente transcurren. Corriente, salvo la particular capacidad de acertar la hora del día cuando se le inquiría. Sin embargo, en un fatídico o tal vez afortunado incidente, la vida de Funes cambió para siempre, momento a partir del cual dejó la vida de aquel que "vive como quien sueña: mirando sin ver, oyendo sin oír, olvidóndolo todo, o casi todo". Desde ese instante, perdió la capacidad de olvidar junto a gran parte de su movilidad, un mal menor según el propio Funes, quien veía su destino con sesgo positivo.

Por supuesto, para Funes era algo grandioso el hecho de recordarlo todo, considerando que de manera directa recordarlo todo implica aprenderlo todo. Absolutamente todo lo que pasaba por la vida de este hombre quedaba para siempre en su memoria, cada cosa que a bien tuviera pasar por sus ojos, por su nariz, por cualquiera de sus sentidos, quedaba allí para siempre.

Descuidadamente cualquier persona podría decir que esta capacidad es envidiable, yo me he encontrado afirmando al vació que sería deseable este don. Sin embargo, el final de Funes es el indicador de que la memoria, como cualquier cosa que pueda habitar los callejones de la conciencia humana tiene un límite que si no se respeta, terminará por convertirse en otra pesada carga, como si no hubiesen suficientes taras de las cuales deshacerse ya.

Conozco personas que aun con el paso de los años, algunos aspectos de sus vidas se han quedado paralizados, recordando, o mejor, rumiando un instante, una situación, una idea o un recuerdo. Personas con quienes es posible la extraña situación de encontrarles después de meses, incluso años y tener una conversación idéntica a la última, en resumen encontrarles en el mismo punto, viviendo día tras día su neurótica agonía. Inocente aquel que se pregunta el por qué de sus tristezas, mientras persiste en la necia empresa del recuerdo, mientras urde planes de un futuro pleno de acciones pretéritas. Algunos de estos planes incluyen, venganza, perdón, justicia, "abrir alas para volar" y demás expresiones de carácter similar; oh gloriosa vanidad!

"Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos."

El momento presente es el verdadero don, o al menos su percepción dada la carencia de existencia de tal concepto, despreciado y subvalorado como todos y cada uno de los pocos conceptos útiles que existen.

Funes con el pasar del tiempo terminó reducido a una obscura habitación, rememorando cada instante pasado, preso de su propio don en donde el presente había prácticamente desaparecido. Recordar un día entero le tomaba igualmente un día, pero lo pensado o recordado pasaba a ser un nuevo recuerdo, así un día de recuerdos se convertía en dos, los dos anteriores se convertían en otros dos de recuerdos, y así ad infinitum, sin la esperanza de poder algún día salir de su ciclo.

jueves, 6 de enero de 2011

La Hora de Tinieblas

Este es un pequeño regalo, ojalá alguien lo lea completo. Aunque es un tanto largo, pocas veces se puede leer algo así.

Cogitavi dies antiquos ;
et annos aeternos in mente habui.
Et meditatus sum nocte cum corde meo, et exercitabar,
et scopebam spiritum meum.
¿Numquid in aeternum projuciet deus ;
aut non apponet ut complacitior sit adhuc ?

( Pensé en los días antiguos, y tuve en mi espíritu
los años eternos. De noche medité en mi corazón : me
ejercitaba y purificaba mi espíritu. ¿por ventura de-
sechará Dios para siempre o no volverá a ser benévolo ?)
¿por qué, si puede Dios, no satisface a la hambre
cruel que nos devora ?
CARVAJAL - SALMO

I

¡Oh, qué misterio espantoso
Es este de la existencia!
¡Revélame algo, conciencia!
¡Háblame, Dios poderoso!
Hay no sé qué pavoroso
En el ser de nuestro ser.
¿Por qué vine yo a nacer?
¿Quién a padecer me obligue?
¿Quién dió esa ley enemiga
De ser para padecer?

II

Si en la nada estaba yo
¿Por qué salí de la nada
A execrar la hora menguada
En que mi vida empezó?
Y una vez que se cumplió
Ese prodigio funesto,
¿Por qué el mismo que lo ha impuesto
De él no me viene a librar?
¿Y he de tener que cargar un bien contra el cual protesto?

III

¡Alma! si vienes del Cielo,
Si allá viviste otra vida
Si eres imagen cumplida
Del Soberano Modelo
¿Cómo has perdido en el suelo
La fe de tu original?
¿Cómo en tu lengua inmortal
No explicas al hombre rudo
Este fatídico nudo,
Entre un Dios y un animal?

IV

O si es que antes no exististe,
Y al abrir del mundo al sol
Tú, divino girasol
Gemela del polvo fuiste,
¿Qué crimen obrar pudiste?
¿De, contra quién, cómo y cuándo,
Que estuviese a Dios clamando
Que al hondo valle en que estás
Surgieses tú, nada más
Que para expiarlo llorando?

V

Pues cuanto ha sido y será
De Dios reside en la mente,
Tanto infortunio presente
¿No lo completaba ya ?
Y ¿Por qué, si en él esta
Del bien la fuente suprema,
Lanzó esa voz o anatema
que hizo súbito existir
Un mundo en que oye gemir
Y un hombre que de el blasfema ?

VI

¿Cómo de un bien infinito
Surge un infinito mal,
De lo justo lo fatal,
De lo sabio lo fortuito ?
¿por qué está de Dios proscrito
El que antes no le ofendió,
Y por qué se le formó
Para enloquecerlo así
De un alma que dice sí
Y un cuerpo que dice no ?

VII

¿Por qué estoy en donde estoy
Con esta vida que tengo
Sin saber de dónde vengo,
sin saber a dónde voy ;
Miserable como soy,
Perdido en la soledad
Con traidora libertad
E inteligencia engañosa,
Ciego a merced de horrorosa
Desatada tempestad ?

VIII

Hoja arrancada al azar
De un libro desconocido
Ni fin ni empiezo he traído
Ni yo lo sé adivinar;
Hoy tal vez me oyen quejar
Remolineando al imperio
Del viento; en un cementerio
Mañana a podrirme iré,
Y entonces me llamaré
Lo mismo que hoy: ¡un misterio!

IX

De pronto así cual soñando
En alta mar sorda v fuerte
Entre la nada y la muerte
Me encuentro a oscuras bogando;
Sopla el tiempo, y ando, y ando,
Ignoro a dónde y por qué,
Y si interrogo a la fe
Y a la razón pido ayuda,
Una voz me dice «duda»
Y otra voz me dice «cree»

X

Con menos alma, quizás
Sólo la segunda oyera,
O con más alma, pudiera
No equivocarme jamás:
Entonces creyera más,
O al menos, dudara menos;
Pero, a malos como a buenos
Plugo al Señor conceder
Luz bastante para ver
Que estamos de sombras llenos.

XI

La debilidad por guía,
La tentación por camino,
¿Es de virtud el destino
Que su bondad nos confía?
¿Es fuerza que en lucha impía
Nos pruebe el Genio del mal
Para ir a un condicional
Anhelado Paraíso?
¿Para ser bueno es preciso
Poder ser un criminal?

XII

Mas... ¡soy libre! y ¿para qué?
Para enrostrarme a mí mismo
EI caer a un hondo abismo
Que otro ha cavado a mi pie,
Y renegar de la fe,
Luz de mi infancia serena,
Y fiar a un grano de arena
La eternidad de mi ser,
Debiendo yo responder
De la creación ajena.

XIII

¡Somos libres! ¡libertad
Que no deja ni el consuelo
De enrostrar el mal al Cielo
O a nuestra fatalidad!
¡Libres... y la voluntad
Es plena para el deber!
Libres... y hay luz para ver
Lo que es crimen desear,
Y alma para delirar,
Y corazón para arder!

XIV

¡Libres, cuando delincuentes
Desde el vientre maternal
Ya éramos siervos del mal
Y del dolor penitentes;
Y con cadenas ardientes
Al crimen de otro amarrados
Ya estábamos sentenciados
A purgarlo aquí por él
Y a extender para Luzbel
La siembra de los pecados!

XV

¡Oh, Adán! ¿cuándo estuve en ti?
¿Quién te dió mi alma y mi pecho?
¿Quién te concedió el derecho
De que pecaras por mí?
Si en tu falta delinquí
Y en tu infición me condeno,
¿por qué un Dios tan justo y bueno
No me lavó en la virtud de otro Adán, y la salud
No me volvió en cuerpo ajeno?

XVI

Si en mis carnes heredé
La ponzoña de la suya,
¡Que en las carnes arda y fluya!
Pero en el alma ¿por qué?
Si mi alma su alma no fue,
Si es chispa de Dios directa,
¿Cómo de luz tan perfecta
Tan imperfecta salió?
Si Adán por Dios no pecó
¿Cómo su infección la infecta?

XVII

¡Absurdo! ¡no puede ser!
Y sin embargo es, y ha sido,
Y aquí lo siento, esculpido
En el fondo de mi ser,
Cual si otro Dios, Lucifer
Concurriese audaz con Dios
AI soplar dentro de nos
El vital celeste lampo
Y fuésemos luego el campo
Del batallar de los dos.

XVIII

¡Esperanza que me engañas,
Tentación que me provocas
Pasiones que con mil bocas
Me desgarráis las entrañas
Ciencia que mi vista empañas,
Orgullo que atas mi oído.
Razón que sólo has servido
Para perder la razón. . .!
...¡Ay! Contra tantos ¿qué son
Los que de polvo han nacido?

XIX

Dios que por prueba concitas
Enemigos qué vencer
Dáme armas, dáme poder
Para la lid que suscitas.
Pero si el poder me quitas,
Libre renuncio a existir,
Pues no debo consentir
Que me hayas venido a echar
Esclavo para lidiar
Libre para sucumbir.

XX

Si dijiste: "A cada cual
El bien y el mal le propongo,
El escoja y yo dispongo",
¿El hombre ha escogido el mal?
Escoge el reo el dogal
O unce el libre su cadena?
Si su ciencia, mala o buena,
Le basta para escoger,
¿El mismo ha venido a hacer
La elección que le condena?

XXI

Si libre siempre ha elegido
El hombre flaco y mortal,
¿A elegir siempre su mal
Qué negro azar lo ha impelido?
Y si, una vez que ha caído
Libre alguna vez se vió,
¿Cómo de nuevo tornó
De su pérdida al abismo,
Enemigo de sí mismo
Y del ser que lo creó?

XXII

Si tu infinita bondad
Presidió a cuanto hay creado,
¿Por qué le diste al pecado
Sombra de felicidad?
¿Por qué de la adversidad
Hiciste hermano al delito?
¡Ah! con verdad está escrito
Que cuando tu ángel bajó
Sólo un Lot, un justo, halló,
En la ciudad del maldito.

XXIII

Nula es mi sabiduría,
Pobre mi benevolencia
Pero si la Omnipotencia
Un instante fuese mía,
¡No! yo no concebiría
Culpas de la criatura!
Santa, universal ventura,
Fuera un himno sin cesar
¡De incienso para mi altar !
¡De amor para mi hermosura !

XXIV

No así en la obra de aquel
Que desóyenos su nombre,
Cual si el tormento del hombre
No lo atormentara a él;
Cual si pudiera cruel
Ser también consigo mismo,
O suscitar el abismo
Do impele a su creación
Por dar lugar al perdón
Con que adula su egoísmo.

XXV

¿Quién te hizo Dios? ¿Por qué, di
Cómo, dónde y cuándo vino
Privilegio tan leonino
A corresponderte a ti?
¿Por qué no me tocó a mí
Ese poder de poderes?
¡Ay! siendo lo que tú eres
No fuera el mundo cual es,
O aplastara con mis pies
Tan triste enjambre de seres.

XXVI

¡He aquí el mundo que a tu acento
Vió la hermosa luz del día!
Si fuese mi obra, sería
Mi eterno remordimiento:
Fue un edén tu pensamiento,
Un infierno resultó,
Y al hombre que te burló
Y audaz tu imagen degrada
No lo vuelves a la nada

XXVII

¡Qué importa, oh sol, tu esplendor
Jugando en mil gayas lumbres
Desde las nevadas cumbres
Hasta la nítida flor!
¡Que importan, noches de amor
Tus cariñosas estrellas. . . !
¡Ah! tantas cosas tan bellas
Que provocando a llorar
Parecen hoy extrañar
Delicias que vieron ellas!

XXVIII

Del templo monumental
Siguen contando el portento
El fúlgido pavimento
Y el dombo etéreo, inmortal;
Mas donde un velo nupcial
Cubrió angélicos sonrojos,
Hoy nos ofenden los ojos
Ahuyentándonos infectos,
Abominables insectos
Que procrean entre abrojos.

XIX

El palacio en que a reinar
El Creador nos convida,
Se tornó en prisión por vida
De aislamiento y de pesar.
De su excelso palomar
El alma inocente huyó:
atraída cuando vió
tu hermosura de la pampa,
Cayó aquí, como en la trampa
Que para el buitre se armó.

XXX

Lástima, lástima horrenda
Ver en tal desarmonía
Claro sol y alma sombría
El viviente y su vivienda.
Sentir la eterna contienda
Y el caos siniestro interior,
Cuando todo en derredor,
Todo, excepto el hombre infando,
Va en paz y en orden cantando
La gloria de su Hacedor.

XXXI

¡Oh angustia! sentir por dentro
De este infernal laberinto
La espuela cruel de un instinto
De algo que busco y no encuentro,
Caverna odiosa, y al centro
Un ojo para mirarla,
Luz que en vez de iluminarla
Permite que se entrevean
Vampiros mil que aletean
Luchando por apagarla.

XXXII

¿En dónde estás ¡oh verdad!
Oh rabia del alma mía,
Concierto de la anarquía,
Ley de la contrariedad,
Amor del odio, equidad
De tantas iniquidades,
Beldad de monstruosidades,
Tu razón, ¡oh Creador!
Para ver crimen y error
Sin que al surgir lo anonades?

XXXIII

¿En dónde estás ¡oh hermosura!
Que de ti no más que el nombre
Diste a otro ser como el hombre,
De arcilla y de desventura;
Esa ingeniosa impostura
Que al tacto se disipó
y sólo acibar dejó,
Y el vivo rastro infelice
De otro eslabón que eternice
El llanto que le costó?

XXXIV

Pobre mujer,sea cual sea
Tu elevación o tu afrenta,
¡quien habrá que hombre se sienta
Y sin caridad te vea!
La más feliz se crea
Es mártir aún de sus dichas,
Y a las demás, entredichas
como sombras del festín,
No tocó ni el bien ruín
De desahogar sus dichas.

XXXV

Gente... y más gente... y más gente
Pasa delante de mí,
¡Oh! qué triste es ver así
La humanidad en torrente!
ignoro cual es su fuente
Y en qué mar se perderá;
Mas de cierto juro ya
Que en el ser de cada uno
El aguijón importuno
De la desventura va.

XXXVI

¡Dardo que nunca se embota,
Elemento creador!
Inmenso pan de dolor,
Que la humanidad no agota,
Gaje fatal con que dota
La existencia a cada cual,
Genio insaciable del mal,
Demonio ¡sombra del hombre!
¡Dí quién eres, dí tu nombre
Para maldecirte tal!

XXXVII

¿Eres la serpiente horrenda
Que en su torva fantasía
Vió el escadinavo un día
Ciñendo el mundo tremenda?
Como con perpetuo delenda
Oigo su ronco silbar.
Y estrechando sin cesar
Sus férreos anillos duros,
¡Hace en sus ejes seguros
Gemir el orbe y temblar!

XXXVIII

¿No te basta el mundo? ¡Dí!
¿Son pocos tantos millones
De infelices corazones
Engendrados para ti?
Supremo déspota aquí,
¿Pasa de aquí tu poder?
Y aún no harto con hacer
De la existencia un infierno,
¿Siempre que el hombre sea eterno,
Como él. eterno has de ser?

XXXIX

Un tiempo la idolatría
Preces y altares te alzó
Y al Dios del bien lo negó
Y en ti a Dios reconocía
Te palpaba, te tenía,
Mal, soberano iracundo
Cual si con desdén profundo
Dios de su obra avergonzado
Hubiera en tu pro abdicado
El triste imperio del mundo.

XL

¡Ah! ¿qué no tiene el Señor?
Nunca agotarán sus manos
Sus oceanos de oceanos
De felicidad y amor;
¡Venid! dijo el Creador,
«Que a mi banquete os convida
Mi largueza» Estremecida
Natura hirviente fundió,
Y el hombre nació... ¡y nació
Llorando el don de la vida!

XLI

Angeles creó para sí,
En el cielo y para el cielo,
Ellos no bajan al suelo
A perder el cielo aquí;
No tan dichoso, ¡ay de mí!
Ha sido el hombre creado:
Nace para ser tentado,
Vive en pugna y en error,
E hijo de un mismo Señor
El no es el predestinado.

XLII

Entre dolores naciendo,
Miseria y dolor mamando
Pecado y llanto mirando
Sin saber lo que está viendo:
En su fuente van vertiendo
Desde antes de la razón,
La vida la tentación,
La tentación el delito
Y con éste, Dios lo ha escrito
¡Quizá la condenación!

XLIII

Fuente que de la montaña
Salió ernponzoñada ya,
En sus claras linfas va
Ponzoña por la campaña;
Envenena cuanto baña,
Corrómpese ella también,
¿Y quién la depura? ¿quién
La vuelve a su manantial?
¿Quién esa fuente del mal
Tornará fuente del bien?

XLIV

Y ¡ah! con balanza traidora
Dotóse a la criatura,
El mal lo palpa y lo apura,
El bien lo sueña. . . o lo llora:
Cuando uno es feliz lo ignora,
Cuando infeliz, bien lo prueba,
Parece que Dios nos lleva
Libro de cuentas extraño
Dándonos íntegro el daño,
Para que el bien se nos deba.

XLV

El mal es piedra que cae,
Niágara que se desprende;
El hombre no lo suspende.
Su propio ser se lo trae;
Parece que nos atrae,
Que él es nuestro fin preciso,
Y que de haber paraíso
Sobre este infierno, hacia él
Vamos contra una cruel
Ley que condenarnos quiso.

XLVI

La tempestad nos presenta
Sus iris por agasajo,
Un rayo de luz los trajo,
Otro rayo los ahuyenta;
Así en la eterna tormenta
De este infeliz corazón,
Si luce gaya ilusión
En el cielo del destino,
A una pulsación nos vino,
Y huye en otra pulsación.

XLVII

Siempre el mal va acompañado
De algo indeleble y eterno,
Y él tiene mas del infierno
Que del cielo al bien se ha dado:
El bien como que es prestado;
Mas ¡ay! bien propio es el mal.
Y aún las veces que el mortal
Fantástico lo delira,
Tiene su triste mentira
Más verdad que el bien real.

XLVIII

El recuerdo del placer
Es el dolor de su ausencia
Y nos duele en su presencia ,
El tenerlo que perder.
Un bien que no ha de volver
Es un torrnento mayor,
Y a fin de que su rigor
No diese treguas al pecho,
Dios en el recuerdo ha hecho
La eternidad del dolor.

XLIX

Un bien nunca satisface
Mientras que el mal es sobrado
Y el mal hace desgraciado,
Pero un bien feliz no hace;
Y tan predispuesto nace
El hombre para el pesar,
Que imbécil para gozar
Y hábil para padecer,
Llora su propio placer
Cuando no halla qué llorar.

L

Duda y exasperación
Dejan los padecimientos,
Y tedio y remordimientos
Deja el goce al corazón.
Lágrimas a un tiempo son
De angustia y risa despojos,
Y cuando libres de enojos
Más inocentes reímos,
Bien nos dice que mentimos
El llanto que hay en Los ojos.

LI

Yo, mísero, ya nací
Crisálida de la nada,
Y no ha de ser revocada
La sentencia que cumplí.
Dispones, ¡oh mal! de mí
Y a evitarte nada alcanza
Armada de ti se avanza
La eternidad luego en pos
Y hay que dar eterno adiós
Al sueño de la esperanza.

LII

La vida es sueño- ¡Callad,
Oh Calderón! estáis loco:
Hace veinte años que toco
Su abrumante realidad;
Yo te palpo ¡Iniquidad!
¡Desgracia! no eres fingida.
Que si al placer dí acogida,
Un instante aquello fue;
Un instante en que olvidé
La realidad de la vida.

LIII

¿La vida un sueño? ¡Qué sueño
Tan raro en su obstinación!
¡Siempre el mismo! ¡Siempre Ixión
Volteando en su hórrido leño
Siempre en su bárbaro empeño
El demonio que llevamos!
¡Ah! con razón despertamos
Con lívida faz que aterra,
Yertos, mordiendo la tierra
Que en frío sudor empapamos.

LIV

No es un sueño, es un delirio
Es pesadilla infernal
De un despierto, un criminal
Que envejece en el martirio.
En vano irónico cirio
Nos alumbra la razón:
Entrevemos salvación ,
De dicha y paz hay asomo
Mas ¡ah! Los pies son de plomo
Y es Tántalo el corazón.

LV

Duelo y crimen sólo veo,
Duelo y crimen sólo aspiro,
Al mal un verdugo miro
Y al mundo un inmenso reo,
Despechado clamoreo
Oigo alzarse eternamente,
Y con hastío vehemente
Pasma la imaginación
Que esta sea la creación
De un Dios amante y clemente

LVI

¿Quién sino el genio del mal
Improvocado y sañudo
Revestirme el alma pudo
De carne flaca y mortal?
¿Quién sino él a este raudal
De corrupción me trajera
A tornar en monstruo, en fiera,
Un ente ávido del bien
Digno sólo de un edén
Donde feliz ser debiera ?

LVII

¿ Por qué, invisible sayón
Que llamo y no me respondes,
Lanzas el dardo y te escondes
A mi desesperación?
Estoy a tu discreción,
Invulnerable enemigo;
Sáciate, apúra el castigo,
Triunfa y goza en mi dolor
Mientras yo, vil gladiador,
Te saludo y te bendigo.

LVIII

«Ama, cree, sufre y espera»,
Me dirá, «que aunque te espante
La vida, es sólo un instante
De probación pasajera»
¡Señor! por corta que fuera
Fue sobrada para mí
Si el instante que viví
Bastó para condenarme,
Bastó para exasperarme,
¡Hasta blasfemar de ti!

LIX

¡Cómo es posible, Dios mío,
Que haya tantos, tantos tristes
Cuando tú, oh Señor, existes
Con tu inmenso poderío,
Y cuando de tu albedrío
Solamente a la intención
En lluvia de bendición
Sonreída a nuestro ruego
Volviera la vista al ciego
Y al demente la razón!

LX

Esta abdicación que has hecho
De tu excelsa voluntad
En mal de la humanidad,
Aunque intentada en provecho,
He aquí el correntoso estrecho
Y el escollo en que caí,
Y yo no puedo ¡ay de mí!
Juzgar de tu providencia
Sino con esta conciencia
Con que a juzgarme aprendí.

LXI

¡Sabios funestos, callaos!
El caos físico ha cesado,
Pero el que lo hizo ha dejado
Al espíritu en un caos.
¡Pobres hombres! revolcaos
Mintiendo felicidad;
Yo entre tanta oscuridad
Rebelde contra mi suerte,
Ansío deberle a la muerte,
O la nada o la verdad.

Rafael Pombo,

viernes, 29 de octubre de 2010

El primer coro de la roca

Hace un par de días en una columna de opinión, me encontré con un par de frases que me llamaron mucho la atención:

¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?
¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?

Como es ya costumbre, mil cosas me vinieron a la mente, entre ellas mis últimos pensamientos en cuanto a la utilidad de lo ya conocido como inútil. Buscando su origen, me encontré con que pertenecen a un poema intitulado "El primer coro de la roca" del norteamericano T.S. Eliot (1888-1965). El resto es historia, el poema completo es excelente, y no dejo pasar la ocasión de compartirlo con alguien que disfrute de estas palabras.

El primer coro de la roca

Se cierne el águila en la cumbre del cielo,
El cazador y la jauría cumplen su círculo.
¡Oh revolución incesante de configuradas estrellas!
¡Oh perpetuo recurso de estaciones determinadas!
¡Oh mundo del estío y del otoño, de muerte y nacimiento!
El infinito ciclo de las ideas y de los actos,
infinita invención, experimento infinito,
Trae conocimiento de la movilidad, pero no de la quietud;
Conocimiento del habla, pero no del silencio;
Conocimiento de las palabras e ignorancia de la Palabra.
Todo nuestro conocimiento nos acerca a nuestra ignorancia,
Toda nuestra ignorancia nos acerca a la muerte,
Pero la cercanía de la muerte no nos acerca a Dios.
¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?
¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?
Los ciclos celestiales en veinte siglos
Nos apartan de Dios y nos aproximan al polvo.

T.S. Eliot.

Hay frases dentro que merecen ser remarcadas, ciclos infinitos de vida y muerte, inicuas pérdidas en la banalidad, ignorancia avasallante. En cuanto a la pregunta, "dónde está la vida que hemos perdido en vivir?", pienso que allí mismo, en el lugar donde quedó la última vez que nos preguntamos por qué la vivimos, perdida e inútil, pero viva al final. Sin más que vacías victorias, pobres derrotas y minutos que trascurren.


lunes, 18 de octubre de 2010

Revelación y caída

Hace ya un buen tiempo que no paso por este lugar, en verdad he estado tratando de escribir algo moderadamente decente, pero el tiempo que tengo para estas actividades es cada vez menor. Sin embargo, para hoy he dejado un escrito de Georg Trakl, poeta austriaco, quien sin lugar a dudas compartió una visión del mundo similar a la de su contemporáneo colega Rainer Maria Rilke, de quien en repetidas ocasiones he compartido algunos de sus poemas; expresionismo enarbolado por las banderas de la "gran guerra", y el ambiente de preparación para su sucesora.

A cambio de un poema como acostumbro, deseo dejar un escrito prosaico que me conmovió muchísimo. Cada palabra allí escrita trasmite emoción, su tragedia, el mundo, miseria, vida y muerte. Un verdadero gusto para unos momentos de lectura.

Revelación y Caída.

Extraños son los caminos nocturnos del hombre. Cuando iba sonámbulo por las habitaciones de piedra y en cada una ardía un silencioso candil, un candelabro de cobre, y cuando preso del frío entré en el lecho, reapareció en la cabecera la sombra negra de la extranjera, y en silencio oculté mi rostro en las lentas manos. El jacinto florecía azul en la ventana y llegó al labio púrpura de mi aliento la antigua oración; de sus párpados cayeron lágrimas de cristal lloradas por la amargura del mundo. En esta hora la muerte de mi padre hizo de mí el hijo blanco. En azules sobresaltos bajó de la colina el viento de la noche, el oscuro lamento de la madre que moría, y vi el negro infierno en mi corazón; minuto de radiante mutismo.

Suave surgió del muro blanqueado con cal un rostro indescriptible -un joven moribundo-, la belleza de una estirpe que regresa a sus padres. Blancura de luna, el frío de la piedra envolvió la sien desvelada, sonaron los pasos de las sombras sobre erosionadas gradas, un rosado tumulto en el pequeño jardín.

Silencioso estaba sentado en una taberna abandonada bajo vigas ahumadas, solo ante el vino; un cadáver rutilante inclinado sobre la oscuridad y un cordero muerto a mis pies. De un corrupto azul salió la sombra pálida de mi hermana y así habló su boca ensangrentada: Hiere, espina negra. Ah, todavía resuenan las tormentas desatadas en mis brazos plateados. Sangre, corre de mis pies lunares, floreciendo sobre los senderos nocturnos, donde la rata salta gritando. Iluminad, estrellas mis arqueadas cejas; para que el corazón palpite suave en la noche. Irrumpió en la casa una sombra roja con espada flameante, huyó con su frente de nieve.
Oh muerte amarga.

Y una voz oscura habló dentro de mí: He roto la nuca a mi caballo negro en el bosque nocturno, porque de sus purpúreos ojos brotaba la demencia; las sombras de los olmos, la risa azul del manantial y la frescura negra de la noche cayeron sobre mí cuando levanté como cazador salvaje una lanza de nieve. En un infierno de piedra murió mi rostro.

Cayó brillando una gota de sangre en el vino del solitario; y cuando lo bebí sabía más amargo que la adormidera. Una nube profunda envolvió mi cabeza, las lágrimas de cristal de ángeles condenados. Delicadamente fluyó la sangre de la plateada herida de la hermana y una lluvia de fuego cayó sobre mí.

Por el lindero del bosque deseaba caminar, como alguien sombrío que ha dejado caer de sus mudas manos el velo solar, y al atravesar llorando la colina de la tarde levanta los párpados hacia la ciudad de piedra; como un animal que se siente tranquilo en la paz del viejo árbol; oh, esta cabeza inquieta acechando en la penumbra, esos pasos que corren dudosos buscando la nube azul en la colina, persiguiendo también implacables constelaciones. A un lado escolta el corzo la siembra verde, silenciosa compañía de los musgosos caminos del bosque. Las cabañas de los campesinos se han cerrado en su mutismo, y atemoriza en la negra calma del viento la queja azul del torrente.

Pero cuando descendí por el sendero de piedras, me asaltó la locura y grité fuerte en la noche; y cuando con mis dedos plateados me incliné sobre las aguas silenciosas vi que mi rostro me había abandonado. Y la voz blanca me dijo: ¡Mátate! Con un suspiro se levantó en mí la sombra de un niño y me observó radiante con ojos cristalinos: entonces caí llorando bajo los árboles y la poderosa bóveda de estrellas.

Sobresaltado caminar por el caótico sendero de piedras, lejano de los caseríos de la tarde, viendo rebaños que regresan; en la distancia pasta el sol del ocaso en la pradera de cristal y su canto salvaje es conmovedor; el solitario grito del pájaro extraviándose en la paz azul.
Pero dulcemente vienes tú en la noche, mientras yo vigilo sobre la colina o cuando el delirio se desata en la tempestad de la primavera, y con nubes cada vez más sombrías vela mi cabeza muerta la tristeza. Mi alma nocturna es horrorizada por fantasmales relámpagos; tus manos desgarradoras se ensañan sobre mi pecho de aliento entrecortado.

Cuando penetré en la penumbra del jardín y se había apartado de mí la negra presencia del mal, me rodeó la calma del jacinto de la noche; y atravesé el estanque apacible en una barca ondulada mientras una dulce paz conmovió mi frente de piedra. Atónito descansé bajo los viejos sauces y estaba el cielo azul muy alto colmado de estrellas; y cuando me perdí en su contemplación murieron la angustia y el dolor en lo más profundo de mí; y la sombra azul del niño se levantó radiante en la oscuridad, dulce canto. Entonces se elevó con alas de luna sobre el verdor de las cimas, por encima de los peñascos cristalinos, la blanca imagen de la hermana.

Con suelas plateadas descendí los espinosos escalones y entré en la alcoba blanqueada con cal. Ardía allí un candil silencioso y escondí calladamente mi cabeza en las sábanas purpúreas; y la tierra arrojó un cadáver infantil, una figura lunar que salió lentamente de mi sombra, precipitándose con los brazos quebrados de piedra en piedra, cayendo como nieve en copos.

Georg Trakl.

Para finalizar una canción que me encanta, a cargo de Anneke van Giersbergen y Danny Cavanagh, exvocalista de The Gathering y actual de Anathema, respectivamente. Se titula "you learn about it".

sábado, 4 de septiembre de 2010

RE: Carta abierta

Hola mi viejo amigo, ante todo gracias por tu carta, debo admitir que tu franqueza es sobrecogedora y con seguridad sé, has sido enteramente sincero. Sin embargo, no puedo dejar pasar la oportunidad sin dar repuesta a tus palabras. Como has dicho "es un deber ... decir la verdad así ésta sea una como esta." Espero corresponder con las mías.

Quiero empezar por decir que la miseria que ves en el mundo, no es más que aquella que hay en los ojos que la observan, entonces si la vanidad hace del mundo un lugar miserable para ti, es porque estás tan lleno de ella como aquellos a quienes criticas con tal devoción. El mundo, mi querido amigo, no es bello o no solamente porque tú afirmes que lo es, no es ni más ni menos que aquello que tú ves de él.

Sin algo de vanidad sería imposible avanzar en una dirección que implique mejoría, quién sino alguien que desee mejorar sus posibilidades, su nivel social, su vida en general, está dispuesto a hacer algún tipo de cambio en pro de lograr alguna meta particular? Además, aparte del bienestar de las personas, qué crees que impulsa a los seres humanos a recorrer sus vidas. Puedes estar seguro que en el caso en que no existiesen tales metas, las vidas humanas carecerían de sentido alguno.

Ahora, hablas de una moneda con la cual se compra y se vende, de alabanzas y vítores entre personas. Pero ese es el mundo, me gustaría decirte que este contrato social no existe pero está firmado aún por ti, quien lo desprecia; que la belleza del mundo tiene remotamente algo que ver con el hecho de que los hombres caminen sobre la superficie de este planeta, y en medio de lo decadente y amoral que pueda parecer para ti, tiene su lado amable, sencillamente hace la vida de las personas agradable y llevadera. Acaso puedes afirmar que una piel cálida entre sábanas a cada noche, no alcanza para llenar la vida de un hombre, o acaso ya olvidaste que "...El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre...", algo que tú mismo has citado. No deseas tú también un lugar arriba de los tuyos que garantice a tu prole uno aún más alto?. O es que acaso prefieres ir a tu cama fría y solitaria noche tras noche, tan sólo con la compañía de hojas, letras y teclas; donde lo único que te mueve día tras día es la inercia bajo la certeza de tu final. Has comenzado a perder el sabor que implica la experiencia de vivir, francamente lo lamento. Los vanidosos son pobres ricos, sí es cierto, pero a veces tú eres aún más pobre que ellos.

Dices que hemos creado un dios para satisfacer nuestra necesidad de inclinarnos ante algo, de renunciar a nuestra libertad a cambio de los premios prometidos en proverbiales escrituras sagradas. Pero no prefieres ir a tu cama cada noche con la certeza que tu destino está en manos de alguien que sabe lo correcto que se debe hacer; no deseas descargar el peso y el dolor que implica vivir, lejos de tu espalda. Alguien con quien solamente al seguir un sistema básico de reglas te garantiza un bienaventurado porvenir. Por un instante no querrías disfrutar de la fe que disfrutan tus congéneres, solamente cerrar los ojos, caminar hacia el frente y olvidar todas tus preguntas, ideas y conclusiones inútiles, que sin temor a equivocarme jamás tendrán respuesta, afirmación o contradicción?, no quieres disfrutar de esa ignorancia que maldices y condenas, pero que inevitablemente te cubre a ti también. No te gustaría poder burlarte de los grandes y venerados ingenios afirmando que en vez de Dios, son ellos quienes han muerto, o que en la batalla por la existencia igualmente fueron derrotados sin poder hacer nada?

Vives en una nube, bajo la excusa de la razón desde la cual impartes juicios como el dios que afirmas hemos creado. Sí, que gran ironía, alguien que está preso dentro de la cárcel que ha construido para él mismo.

En algo tienes razón, nuestros ojos se cerrarán algún día, y el mundo seguirá andando; desde el atrio sobre en cual predicas o desde la calle de los que pasan a tu lado viéndote sin el menor interés. Por mi parte prefiero no desgastarme pensando en ello, igual siempre terminarás de una u otra forma siendo atormentador y atormentado, tomando parte según la situación.

Al igual que has hecho tú, también me disculpo. Aunque ambos lo sabemos, las disculpas no son más que un modo de acallar la propia conciencia, no se hacen pensando en el otro, el cual mi querido amigo, fue tu máximo acto de vanidad.

Por ahora me despido, espero pronto te mires una vez más al espejo y seguir adelante con nuestra conversación.

Hasta pronto.

PS. De recuerdo te dejo una buena canción llamada "Un blasfemo" de Fabrizio de André, algo de buena música para la ocasión, una buena dedicatoria para ti y tu mundo.




domingo, 1 de agosto de 2010

Carta abierta

Hola, quisiera preguntar cómo te encuentras pero no es necesario, cada mañana te veo y sé que no estás bien. En respuesta a tus inquietudes escribo este corto mensaje, espero sea de tu agrado. Debo escribirlo, lo siento, pero es un deber que todos los seres humanos tenemos, decir la verdad así ésta sea una como esta.

No sé por dónde empezar, por el principio me respondió alguien una vez, hablarte de la vanidad sería un buen principio, ese gran monstruo que consume el último rezago de razón que habita en cada hombre y mujer que recorre este mundo de miseria. La vanidad hace del mundo el lugar que es, y a ti especialmente, te hace un ser infinitamente triste y solitario. Éste es el combustible que te mueve, te fortalece y te castiga. Tus decisiones son producto de tu amor propio, por tu concepción de YO enquistada como la peor de tus ancestrales herencias, saciarte del mundo, calmar tus ansias de placer, de posesión, de poder. Creciste amándote, aprendiste que el culto a tu propio ser es el camino de la felicidad, lo aprendiste como la regla de oro que jamás debías violar, tan bien que aún con el mundo a tus pies siempre desearás más y más; es lo único que conoces del mundo y sabes que allí no hay equivocación, porque, ¿sabes? ella es la piel de tu alma.

Tus acciones más loables y sublimes, sólo serán una fachada a este sentimiento, la devoción por los tuyos, la compasión por los desposeídos, aún las más entregadas acciones llevan consigo su marca, porque se sabe que aquel que se humilla, se sacrifica o se martiriza, no tiene un fin diferente a la auto-complacencia. El vanidoso es rico, se enriquece con el pago de sus congéneres, que portan consigo y están siempre prestos a ofrecer el alimento de la vanidad, su vacía admiración. ¿Es que acaso no los has visto, acaso no lo has sentido, sus palmadas sobre tu hombro y sus alabanzas en público o a tu oído?. No, seguramente no lo has hecho, porque no existe un hombre que se canse de recibir alabanzas. Pero están allí, siempre han estado allí, y sabes que tarde o temprano deberás pagar con la misma moneda, porque tú no eres el único ser vanidoso que desea alabanzas, todos lo somos, y todos estamos ávidos de tu retribución.

Es tan grande tu vanidad que creaste un dios todo poderoso, sólo para ti, para ningún otro ser diferente a ti y te pusiste en la cúspide de lo vivo y lo muerto, de todo aquello que camina, vuela o se arrastra. Uno, que no tiene nada mejor que hacer más que mirar tu comportamiento, y darte premios y castigos a ultranza. Pero como es tuyo tiene que ser también vanidoso, y lo único que exige de ti, es tu veneración, obediencia absoluta y el ingrediente clave y prueba suprema de obediencia, tu ignorancia. Tus premios están acordes con tu consigna, claro, él sabe qué es lo que necesitas, y lo que necesitas es recibir aplausos por tus adquisiciones, vivas o muertas, así que eso es lo único que tendrás en este mundo: posesiones.

Pero sabes una cosa? tu cuerpo envejece, tus senos y caderas firmes no lo serán más, tu virilidad dejará de ser tu orgullo y se convertirá en tu oculta vergüenza. La perspicacia y lucidez mental que antes producía mil aplausos y te ubicó en la cima de tu grupo desaparecerá, hasta podrás llegar a un extremo impensable, olvidar aquello más importante para ti, olvidarás quién eres. No hay nada que lo pueda evitar, no hay recursos suficientes para cambiar esta bella jugada del tiempo. No te quedará más que retirarte solo, esta vez sin los acostumbrados aplausos, con unas cuantas añadiduras que recogiste, con lo que tomaste del mundo; que seguramente, dado que estabas tan ocupado recibiendo y entregando halagos, siempre será poco. Al final te convertirás en nada, un vago recuerdo de un instante que a hoy, es nueve ordenes de magnitud menor con respecto al suelo que pisaste, y que se quedará aquí para siempre junto con tu polvo y toda la vanidad que otrora representó.

Pero si tus acciones más grandes son dirigidas por tu enorme vanidad, las mediocres lo son por la costumbre. Tu costumbre de ver el mundo en un único modo, no importa si puede cambiar o no, te es cómodo como está, y mejor dejas tranquilos a tus santos. Por eso tus más mediocres actitudes están bañadas de ello, de costumbre al mundo, costumbre a lo bueno y lo malo.

Un hombre sabio dijo "El mundo es el infierno, y los hombres se dividen en almas atormentadas y diablos atormentadores", ¿a cuál quieres pertenecer?, la vanidad te dice que seas un demonio atormentador, pero la costumbre y el miedo te dicen que seas un alma atormentada; o no, tal vez no sea así, tal vez tu vanidad te hace ser un alma atormentada, al final tu tormento se traducirá en vítores. Claro, existe otra posibilidad, no ser ni uno ni otro, pero no es para ti, no te interesa, para ello es necesario ser un individuo libre primero, y la libertad no es para ti, necesitas un amo ante quien inclinarte.

Finalmente me despido con una disculpa, porque solo un hombre más vanidoso que tú puede escribirte estas palabras, y pido sinceras disculpas por ello. Estaré presto a seguir con nuestra conversación en otra oportunidad. Hasta pronto.

La familia la propiedad privada y el amor


miércoles, 28 de julio de 2010

Todo hombre es una historia

Hace algún tiempo alguien me preguntó: "y qué hay de tí, cuál es tu historia". El día de hoy recuerdo esa frase, me hace pensar en que, como rezaba la canción de mi adolescencia, "todo hombre es una historia..."

Podría afirmar que es todo un cliché la idea de que cada hombre es una historia, desde niños hemos oido frases del tipo "cada cual es un mundo aparte", pero yo prefiero la historia, diría el ahorcado en su cadalso: "que el hombre se compone solamente de incurable soledad y añadiduras" y las añadiduras no son más que su historia.

Cada cual lleva a cuestas sus acciones pretéritas, sus victorias, sus derrotas, sus muertos, sus duelos resueltos o no, sus miedos acumulados, sus errores, sus aciertos que le enorgullecen y sus pecados que solo producen vergüenza; su memoria llena de pasado, y sobre todo la tinta con que a cada segundo escribe la siguiente página. Dentro de la historia de cada cual se encuentra la esencia de ese individuo; es desconcertante el hecho de pensar que cuando interactuamos con cualquier persona, en realidad lo hacemos con toda su historia, que sus palabras son una nueva generación de las de sus ancestros, herencia de sus demonios hoy convertidos en miedos y taras, mismos antepasados de quienes han aprendido las plegarias que elevan a sus dioses que les proporcionan esperanza y comodidad.

Al pensar en esto, recuerdo un poema que leí hace un par de años, y quisiera compartir pues fue uno de mis favoritos por algún tiempo. Tal vez puede sonar un poco más "dulce" de lo que acostumbro dejar aquí, pero quién dice que de vez en cuando no puedo hacer una escasa excepción, al menos para fingir que existe un mundo diferente?

Siempre
Antes de mí
no tengo celos.

Ven con un hombre
a la espalda,
ven con cien hombres en tu cabellera,
ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies,
ven como un río lleno de ahogados
que encuentra el mar furioso,
la espuma eterna, el tiempo!

¡Tráelos todos
adonde yo te espero:
siempre estaremos solos,
siempre estaremos tú y yo
solos sobre la tierra
para comenzar la vida!

Pablo Neruda

Este poema me hace recordar el compromiso que implica en las relaciones humanas, el admitir a cada ser con su historia. Las mujeres y los hombres que portamos en nuestros cabellos y espaldas.

Es dificil comprender el hecho por el cual muchas personas insisten, o mejor insistimos, en el deseo de imponer nuestros mundos, doblegando los ajenos. Vano intento diría yo, pues contra la historia es imposible luchar. Puede estar escrita en libros sagrados o sacrílegos, en polvo o en carne, cerrada con cadenas y sellos, pero está allí. Como siempre quisiera pensar en que algún día aprenderemos a reconocer y valorar la historia de cada hombre que se cruza por nuestro camino, respetar que tal vez mil vidas hablan a través de él y nadie nos otorgó el derecho de borrarlas, por más que nuestra vanidad y la historia que la alimenta indique lo contrario.

Para terminar, una vieja canción que mencioné arriba. La verdad no la escuchaba hace muchos años, pues el género ya no me agrada mucho, sin embargo lleva por nombre el título de post y es un buen recuerdo de otra época. La hace Kraken, una banda que ya presenté en un post anterior, del álbum Kraken I, más o menos finalizando la década de los 80.



Pdta: Estos post salen como notas en el facebook, el post original se encuentra aquí.

sábado, 19 de junio de 2010

Un año después....

Hace exactamente un año publiqué el primer post de este blog. Fue el inicio de un proyecto que siempre me llamó mucho la atención ejecutar, hasta que finalmente me decidí a hacerlo. En todas las entradas a lo largo de este año he querido llevar mi "pontifical" mensaje con música, palabras propias y ajenas, de grandes poetas, escritores, y filósofos. Varias personas han dejado sus opiniones, a veces me las hacen llegar por otros medios; es gratificante saber que personas que nunca pensé se tomarían un rato para leer esto.

Para conmemorar este hecho, he querido hacer una breve reseña de lo que he escrito este año. Quiero aclarar que no es un poema, ni siquiera es un intento de ello; simplemente me pareció interesante organizar las palabras de un modo diferente, dado que son cortos extractos de ideas y frases ya presentadas antes.

Cada instante, por pequeño que sea, algo está cambiando, algo está sucediendo, gracias a ese hecho el universo es lo que es. Soy un convencido, de que la belleza que hay en el mundo no está en los hombres, sin embargo, esa propiedad de cambio también habita en nosotros y me hace pensar que tal vez algún día lo haremos.

Quiero llamar las palabras de un gran escritor que acaba de irse, y responderán a reacciones que sé, algunos han tenido a lo largo de las entradas anteriores y probablemente tendrán hoy.

"Los únicos interesados en cambiar al mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay... Sí, soy pesimista, pero yo no tengo la culpa de que la realidad sea la que es" (José Saramago).

En este año he leído, escrito, aprendido, clamado....

Que Sisyphus recorre feliz su montaña maldita,
sólo porque su ignorancia no le permite ver más allá,
desde las montañas del averno arrastra su carga,
con la imagen de una falsa meta ante sus ojos.

Que las esperanzas se terminan y empiezan a dar paso,
a la inherente lucha por no odiar lo demasiado humano.
Que el hombre esta condenado a sufrir su tormento,
mientras decida liberarse de las dulces cadenas del apego.

Que más allá del mar significa un vacío infinito,
y las niñas de las fábulas se convirtieron en leyendas vivas.

Que nuestro sitio de recreo es un lugar inviolable,
al que la ilusión y los sueños jamás podrán tocar.

Que los poetas están condenados a la soledad infame,
haciéndose pobres y solitarios mientras esparcen su riqueza;
el ofrecer su corazón no les sirve de nada, en tanto
no haya nada de intrínseca existencia que regalar.

Que no hay tristeza en los árboles al caer el día y
en el lago de las miserias es preciso más que alzar la mirada,
y mientras miramos correr el mundo, conviene medir
cuánto duele vivir a aquellos que se afanan por seguir en pie.

Que las cosas simples, y otras no tanto, las devora el tiempo
y sólo el soberbio desea mares cuando no hay más que arroyos.

Que el infierno de Dante se encuentra esparcido en la tierra,
y que en nadie habita un cielo mayor que su infierno.

Que a los muertos de una felicidad inexistente, debemos
respeto y sinceras disculpas por semejante osadía, pues
tal vez hoy rememoran su propio deceso, a manos de
una lucha por la existencia donde la batalla está ya perdida.

Que el corazón de la tierra y los suyos está hecho de oro,
y el interminable combustible de los mártires es el miedo.
Que sólo en el verso encuentra su bálsamo el alma marchita
cuando el viento juega y canta bajo la brillante bóveda.

Que no hay más que una torpe y sobrevaluada vida sin libertad,
y de dicotomías está hecha el alma de los hombres necios.

Que al final del mundo, en la isla habitada por el eremita,
hay días buenos, días malos y aún días con esperanza.

Que los adiós en la vida de un hombre existen en número
como afluentes alimentan las serpientes desgarradoras de tierra,
y la última ironía será ver pasar esta otrora repudiada sensación,
su aliento libertario, victoriosa sobre el eufemista hasta pronto.

Que los dioses sin templo se convierten en hombres,
y en las tierras desconocidas habitan nuestros recuerdos;
que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol...
y a cambio de muros puentes deben ser construidos.

Que el desbalance entre el ser y el desear ser, lleva a la
destrucción del único ser amado por el hombre necio, él mismo.

Que turistas de almas hemos sido, visitadas y abandonadas,
condenadas al álbum de recuerdos cuando se hacen inútiles.

Que el silencio es la fría lápida cubriendo las esperanzas,
y bajo su rigidez se deshacen en polvo los sueños más vivos,
es el asesino de la verdad y el descubrir, armado solamente
con la mordaza del miedo, las cadenas del odio, y los lazos de la ignorancia.

Que el ahorcado pagó con su vida, fue condenado a terrible maldición,
por gozar de la escasa bendición de ver más allá de lo legal,
con los mismos ojos aún muerto brillantes, y descubrir que el hombre,
no es más que un compuesto de incurable soledad y añadiduras.

Que la comedia se presenta una y otra vez, que siendo tan natural
convitiose en la puesta en escena diaria, sin esperar aplauso alguno.

Que en el "milagro", el "misterio" y la "autoridad" se encuentra
el secreto de la dominación de los pobres y miserables seres,
que buscan encontrar un ser ante quien inclinarse,
y el sumiso rebaño, arrojará la leña a su propia hoguera.

Que todos nacimos un día en el cual dios estaba enfermo,
porque sólo el dios de un hombre necio puede enfermarse;
hombres vanidosos y mezquinos, de metafísica vacía, que sobre todo,
saben, y no saben que la luz es tísica, y la sombra gorda.

Que todos hemos sido hombres que deseamos jamás volver a ser,
o jamás hemos sido aquello que tanto hemos anhelado, que
a veces lo único que resta es odiar lo que otros odian,
y cuando aman, acercarse a robar un poco y amar lo que aman.

Que con mil promesas se adhieren nuestras vidas entre sí,
cuando en realidad es simple olvidar y continuar el camino.

Que el olvido está lleno de recuerdos, el sufrimiento presente
desde el primer aliento contaminante, y el cotidiano vivir
no es más que un instante entre un millón de otros iguales,
cada cual bailando el compás que le hace sentir posible al ser,
que puede dejar de asistir a su propio funeral, por el hecho de
engañarse creyendo en la existencia de la redención.


Y bueno, algo para escuchar. Para la canción de hoy no conozco a nadie que no disfrute de ella, debe haberlos por millones claro, pero al menos, yo no he tenido la mala suerte de encontrar uno. Se trata de un tema más que clásico de la banda Led Zeppelin, llamado "Stairway to heaven". Dado que un tema recurrente aquí ha sido la esperanza, como dice al inicio el señor Robert Plant: "Creo que esta es una canción sobre esperanza".




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martes, 18 de mayo de 2010

Requiem a un poeta

Como introduje en una entrada anterior, el día de hoy se conmemora un año del fallecimiento del poeta y escritor uruguayo Mario Benedetti. No quiero dejar pasar esta oportunidad, y deseo rendir un pequeño homenaje, así que, qué mejor manera de hacerlo que presentando un poco de su obra. Dentro de su trabajo se encuentran poemas que quedarán en la memoria del colectivo de habla hispana, letras obligadas dentro del lenguaje de los enamorados, bien sea quienes disfrutan de su miel, o quienes en cambio sufren su lado amargo. Quiero dejar un par de sus poemas, tal vez no son los más conocidos, pero para mi gusto son excelentes, y muy acordes con mi objetivo.

El primero lleva por título "Cotidiana 1". Pertenece al libro "Cotidianas" (1978). Dentro de esta publicación, se encuentra una secuencia de 5 poemas Cotidiana 1-5, todos de gran calidad literaria y afines en su mensaje. El motivo por el cual este poema ha llamado particularmente mi atención, es el trasfondo de las palabras, pues describe con maestría el carácter no-permanente, causal y finito de cualquier evento en que seamos partícipes. La ínfima duración de un respiro, la eternidad de un abrazo, al final, pasamos toda una vida luchando por no llegar al más corto de los instantes.

El segundo está asociado al concepto de olvido. Pertenece al libro "El olvido está lleno de memoria" (1995). En este caso, es un pequeño recordatorio de la obra de este personaje que ha pasado a ocupar ese lugar, al "sótano de la memoria" de algunos pocos. Sin embargo, el poema habla de la imposibilidad de tal concepto, de la eternización de las palabras, las imágenes, los olores...

Para mí, esta idea representa un cúmulo de contradicciones. Por un lado hay tantas cosas que quisiera poder olvidar, que fueran borradas para siempre, imágenes que quisiera jamás haber visto, sensaciones jamas haber sentido, aromas jamás haber percibido y que palabras jamas hubiesen sido pronunciadas por mi boca; pero por otro, este poema presenta una leve esperanza, una esperanza de que no seremos olvidados, que las imágenes que hay de nosotros perdurarán, que nuestras palabras serán recordadas y nuestras emociones tendrán algún valor y trascenderán más allá de un simple instante.

Pero, para qué deseamos ser recordados? Deseamos simplemente reafirmar nuestra propia concepción de existencia, de nuestro ego que a cada día nos devora en la más intestina lucha?, si es así, quisiera olvidar y ser olvidado. Empero, tristemente el concepto de Benedetti vence y vencerá...


Cotidiana 1

La vida cotidiana es un instante
de otro instante que es la vida total del hombre
pero a su vez cuántos instantes no ha de tener
ese instante del instante mayor

cada hoja verde se mueve en el sol
como si perdurar fuera su inefable destino
cada gorrión avanza a saltos no previstos
cómo burlándose del tiempo y del espacio
cada hombre se abraza a alguna mujer
como si así aferrara la eternidad

en realidad todas estas pertinacias
son modestos exorcismos contra la muerte
batallas perdidas con ritmo de victoria
reos obstinados que se niegan
a notificarse de su injusta condena
vivientes que se hacen los distraídos

la vida cotidiana es también una suma de instantes
algo así como partículas de polvo
que seguirán cayendo en un abismo
y sin embargo cada instante
o sea cada partícula de polvo
es también un copioso universo

con crepúsculos y catedrales y campos de cultivo
y multitudes y cópulas y desembarcos
y borrachos y mártires y colinas
y vale la pena cualquier sacrificio
para que ese abrir y cerrar de ojos
abarque por fin el instante universo
con una mirada que no se avergüence
de su reveladora
efímera
insustituible
luz.


Ese gran simulacro

Cada vez que nos dan clases de amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros
en mi región hay calvarios de ausencia
muñones de porvenir / arrabales de duelo
pero también candores de mosqueta
pianos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo de otoño
sentimientos insoportablemente actuales
que se niegan a morir allá en lo oscuro
el olvido está lleno de memoria
que a veces no caben las remembranzas
y hay que tirar rencores por la borda
en el fondo el olvido es un gran simulacro
nadie sabe ni puede / aunque quiera / olvidar
un gran simulacro repleto de fantasmas
esos romeros que peregrinan por el olvido
como si fuese el camino de santiago
el día o la noche en que el olvido estalle
salte en pedazos o crepite /
los recuerdos atroces y de maravilla
quebrarán los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por el mundo
y esa verdad será que no hay olvido

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miércoles, 5 de mayo de 2010

Sobre lo inefable e inevitable

Lo inefable es aquello que no puede ser explicado con palabras, que llegado un punto el sistema de símbolos por el cual está constituido nuestro lenguaje es insuficiente a la hora de representar conceptos o aconteceres de sus mismos creadores. Por otro lado, lo inevitable es aquello de lo cual no podemos pasar de largo y de uno u otro modo nos vemos abocados a afrontarlo.

El día de hoy conmemoro 2 años de un acontecimiento que a la fecha debo catalogar como inefable e inevitable y sin lugar a dudas, cambió mi vida para siempre. Hay hechos en la vida de una persona que no pueden ser evitados, no por acción de un destino o los hilos conductores de una deidad que no tiene nada mejor que hacer más que jugar con sus marionetas; los hechos en la vida de una persona son inevitables, sencillamente porque el camino que sigue le conduce a ellos, una simple relación de causalidad. Lo verdaderamente inefable de la situación, es el motivo que nos lleva a recorrer estos caminos, máxime cuando de verdades está lleno el mundo, tan grandes y poderosas que ni el mayor de los necios se atrevería a ponerlas en duda.

Hay mil demonios que es inevitable afrontar, que aparecen una y otra vez a lo largo de nuestra vidas, nuestra conducta nos ubica frente a ellos. Lo inefable lo constituye el hecho de nuestra aversión a aceptarles y recibirles con los brazos abiertos. Sus lecciones deben ser aprendidas, para al final modificar o reafirmar el curso, pero por regla general el odio, el miedo o la ignorancia, en que nos encontramos inmersos nos lleva una y otra vez a huir.

Quisiera poder explicar por qué el nacimiento, la enfermedad, la muerte, aún la vida misma, son dolorosos, simplemente así es. Qué lo produce, todos lo sabemos, cómo eliminarlo, también es conocido, inefable el por qué no seguimos ese camino ya perfectamente delineado. Inevitable es envejecer, perder ese narcótico que llamamos juventud; inefable, buscar fórmulas para frenar la insaciable bestia del tiempo. Inevitable es enfrentar la realidad, pensando que con burdas mentiras y banales juegos se pueden esconder las consecuencias de las acciones realizadas. Inefable, sentir que podemos dejar de asistir a nuestro propio funeral, por el hecho de engañarnos creyendo en la existencia de la redención.

La Rochefoucauld presenta una excelente frase:

"Hay personas que nunca se habrían enamorado si no hubieran oído hablar nunca del amor..."

No hay mejor ejemplo de algo tan inevitable e inefable como éste. Un concepto que nadie puede explicar, y todos saben lo que representa; su vanidad, hipocresía y egoísmo, pero su carácter inevitable es dulcemente abrumador. Al fin de cuentas, quién no ha oído hablar de él?

Sobre mi efeméride, sus lecciones eran necesarias, debía descender al infierno nuevamente para eliminar lo inefable por medio de lo inevitable, para destruir el mito, para abrazar los demonios que me esperaban tras muchos años. No se podía evitar, pues a veces diferentes caminos conducen a un único lugar.

Para concluir un bello poema que lleva por título "Lo inefable", de la escritora Uruguaya Delmira Agustini.

Lo inefable

Yo muero extrañamente...No me mata la Vida,
no me mata la Muerte, no me mata el Amor;
muero de un pensamiento mudo como una herida...
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor

de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida,
devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?...

Cumbre de los Martirios!... Llevar eternamente,
desgarradora y árida, la trágica simiente
clavada en las entrañas como un diente feroz!...

Pero arrancarla un día en una flor que abriera
milagrosa, inviolable!... Ah, más grande no fuera
tener entre las manos la cabeza de Dios!

Delmira Agustini

Como es costumbre dejo una buena canción para alegrar un par de corazones. En esta oportunidad traigo a uno de los grandes maestros de la música latino americana. Se trata de Facundo Cabral, quien imprime su profunda crítica a la sociedad y religión en su obra. El tema lleva por nombre "Yo no vendo yo no compro". Dedicada a los que creen que es posible comprar o vender conceptos como felicidad, amor, alegría, tristeza.

Yo no vendo yo no compro - Facundo Cabral



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domingo, 11 de abril de 2010

Como árboles

Hace ya algún tiempo que no actualizo el blog, entre otras mis compromisos me han alejado de mis actividades recreativas como esta; sin embargo quiero sacar un poco de tiempo para mantener este proyecto con vida. Para aportar algo breve, quiero dejar un poema excelente. Ya casi se cumple un año de la muerte del señor Mario Benedetti, así que recordarlo con este bello escrito es una buena forma de conmemorarlo. El poema lleva por nombre "Como árboles", forma parte de la obra "Poemas de Otros.... Epílogos míos" (1973-1974). Como siempre está lleno de frases y palabras que no dejan de marcar y resonar mientras, y después de leerlo. Para quien disfrute de pensar en su interacción con el mundo, será un gusto.

Como árboles

Quién hubiera dicho
que estos poemas de otros
iban a ser
míos

después de todo hay hombres que no fui
y sin embargo quise ser
si no por una vida al menos por un rato
o por un parpadeo

en cambio hay hombres que fui
y ya no soy ni puedo ser
y esto no siempre es un avance
a veces es una tristeza

hay deseos profundos y nonatos
que prolongué como coordenadas
hay fantasías que me prometi
y desgraciadamente no he cumplido
y otras que me cumplí sin prometérmelas

hay rostros de verdad
que alumbraron mis fábulas
rostros que no vi más pero siguieron
vigilándome desde
la letra en que los puse

hay fantasmas de carne otros de hueso
también hay los de lumbre y corazón
o sea cuerpos en pena almas en júbilo
que vi o toqué o simplemente puse
a secar
a vivir
a gozar
a morirse
pero además está lo qe advertí de lejos

yo también escuché una paloma
que era de otros diluvios
yo tambén destrocé un paraíso
que era de otras infancias
yo también gemí un sueño
que era de otros amores

asi pues
desde este misterioso confín de la existencia
los otros me ampararon como árboles
con nidos o sin nidos
poco importa
no me dieron envidia sino frutos

esos otros están
aqui

sus poemas
son mentiras de a puño
son verdades piadosas

están aqui
rodeándome
juzgandome
con las pobres palabras que les di

hombres que miran tierra y cielo
a través de la niebla
o sin sus anteojos
también a mí me miran
con la pobre mirada que les di

son otros que están fuera de mi reino
claro
pero además
estoy en ellos

a veces tienen lo que nunca tuve
a veces aman lo que quise amar
a veces odian lo que estoy odiando

de pronto me parecen lejanos
tan remotos
que me dan vértigo y melancolía
y los veo minados por un duelo sin llanto
y otras veces en cambio
los presiento tan cerca
que miro por sus ojos
y toco por sus manos
y cuando odian me alegro de su rencor
y cuando aman me arrimo a su alegría

quién hubiera dicho
que estos poemas míos
iban a ser
de otros.

Mario Benedetti.

Creo que todos hemos sido hombres que deseamos ser y nunca fuimos, que fuimos y ya no seremos más...
Como es costumbre acompaño el post con una buena canción. El día de hoy traigo un tema que tenía reservado desde hace mucho tiempo, pero siempre terminaba por dejar otro. Esta canción está llena de recuerdos de otra época, aunque las circunstancias descritas son válidas para toda la existencia, en realidad es bastante especial para mí. Se trata de "Siempre" algo de la banda colombiana Kraken, espero lo disfruten. Dedicado a aquellos que viven haciendo promesas...

He tenido algunos problemas con la radio del blog que he tratado de resolver, por lo cual pido excusas.

Siempre (Kraken)



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viernes, 26 de marzo de 2010

Los Heraldos Negros

Para la entrada del día de hoy, he reservado algo especial -desde mi punto de vista, claro- tanto en poesía como en música.

Como mencioné hace algunos días, quiero dejar algunos trabajos presentados por Cesar Vallejo, a quien introduje con uno de sus poemas más representativos, tal vez por lo álgido del tema abordado, algo llamado "Espergesia". Hoy quiero presentar un poema intitulado "Los Heraldos Negros", que da el nombre al libro en cual fue publicado.

Los Heraldos son mensajeros, por eso la frase clave: "Los heraldos negros que nos manda la muerte", tiene especial relevancia en el texto. Supongo que todos hemos sentido este mensaje en algún momento de nuestras vidas.

Dentro de la mitología etrusca (un grupo humano que se supone habitó al norte de Italia) existe una deidad llamada "Vanth". Esta deidad, estaba clasificada como una de las pertenecientes al infra-mundo, cuyo papel en algunos casos estaba relacionado con portar presagios o mensajes alrededor de la muerte, una especie de anunciación, y en otros servir de guía, dotada de bondad, adornada con una antorcha con el objetivo de iluminar el camino oscuro y desconocido de aquellos que descienden al submundo; este tipo de deidades son conocidas comúnmente como "psicopompo". Su representación incluye alas, colaborando en la conformación del concepto de "ángel" introducido en culturas y religiones modernas. En muchas culturas, diferentes personajes han cumplido la labor del psicopompo, por ejemplo el jaguar en los mayas, Anubis para los egipcios, Cerbero, e incluso seres aún vivos como los chamanes entre algunos grupos indígenas.

Con esto sólo deseaba hacer una pequeña introducción al papel que han jugado los "heraldos negros" a lo largo de la historia y visión metafísica de la humanidad. Cada cultura ha sentido su necesidad y por tanto les ha incluido en sus mitos. Para nosotros claro, existen versiones equivalentes, pero es algo que dejo al escrutinio personal de cada quien. Aquí Vallejo los invoca, personificados en sus grises momentos.

El poema es excelente, cargado de energía y emoción como ya describí antes. No tengo mucho más que agregar al respecto.

Los heraldos negros.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé.
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé.

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes ... Yo no sé!

Cesar Vallejo.


Ahora, como dije al comienzo la canción de hoy también es especial, y está relacionada con el tema. Es una canción que al igual que un tema que dejé en un antiguo post del blog me transporta a una época pasada de mi vida, a la altura de 1993, cuando la vida empezaba a perfilarse tal y como sería el resto de ella. Se trata de algo llamado "Seres de la noche", la hace la banda colombiana Estados Alterados, quienes de algún modo marcaron una época musical. En lo personal me trae grandes recuerdos y me encanta, espero alguien aún la disfrute como yo. Quisiera dedicarla a aquellos que formaron parte de esa extraña época de presagios, incluso a mis propios heraldos negros.

Seres de la noche (Estados Alterados)


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