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sábado, 25 de agosto de 2012

Los justos


Debo empezar por mencionar el motivo inicial de esta entrada, el día de hoy se conmemoran 112 años de la muerte del gran filósofo alemán Friedrich Nietzsche. En realidad su obra no se reduce únicamente a la filosofía, también fue compositor mediocre (según Wagner, creo), poeta y filólogo entre otros mesteres. Sin embargo, difícilmente alguien podrá negar que su verdadero legado a la humanidad fue el contenido de sus textos filosóficos.

Hasta hace no más de media hora, tenía en mi mente seguir desarrollando la idea del párrafo precedente; quizá tocar algunas de sus ideas, textos, cartas, o algo por el estilo. O por qué no, del juego en que algunas veces me descubro, preguntándome si el lugar en que me encuentro parado en ese instante, en los alrededores de la conocida Piazza San Carlo al centro de Turín, fue el mismo lugar donde este hombre perdió su razón; allí mismo donde se dice que abrazado a unos caballos cayó sumido en su delirio, de donde le fue arrebatada de su alma la cordura, alejada para nunca más volver a él. Y si acaso fuera ese el lugar correcto, deseando también caer abrazado a un caballo inexistente y que lo que sea que quede de mi cordura sea arrancado allí de un solo tajo.

Todo este discurso estaba en mi mente hasta hace media hora, justo antes de empezar a leer una hermosa entrada de un blog de un conocido escritor colombiano llamado Héctor Abad Faciolince, la cual definitivamente sacó de mi cabeza cualquier otra idea, me obligó a sentarme a escribir algo y así salir del ostracismo en que me encuentro desde hace ya bastante tiempo. La columna lleva por nombre “Acuérdate de olvidar” (link) y es un sentido homenaje a los mártires de la vacua lucha, aquella bañada por ríos de tinta y sangre, la mayoría de ellos lavados al día siguiente, por más tinta y muchas veces por más sangre. En este caso particular el mártir fue su padre, asesinado hace 25 años en uno de tantos ominosos días de nuestra historia. Esa historia de la que ni siquiera nos dimos cuenta que se estaba escribiendo, mientras desde la comodidad de nuestros hogares crecíamos, quienes éramos chicos, o simplemente ignoraban, quienes ya no lo eran más. Quisiera realmente que todas las personas se dieran la oportunidad, al menos un par de ocasiones, de leer esta columna sin dejarla pasar de largo.

Provista de una prosa amable, una amabilidad que sólo ha podido regalar el trascurrir de un cuarto de siglo, es un recorrido por las emociones que él y su familia experimentaron durante y después del amargo episodio, de intimidades, del perdón que no me es del todo claro si ha llegado, del hastío y la rabia que produce seguir viendo correr los mismos ríos día tras día, el recuerdo del cuerpo aún tibio del recién caído. Se nota un marcado énfasis en reemplazar el mal por el bien, los recuerdos malos por los buenos, el no seguir desperdiciando cada 25 de agosto rememorando el olor de la sangre, al fin y al cabo, se desea homenajear la grandeza del mártir, no la bajeza de sus verdugos.

En medio de esta lucha es donde se produce la transición hacia otros caminos, cambia el tono, ya no es una amabilidad masticada a lo largo de los años, macerada con el rencor y humedecida con sus lágrimas agrias. En cambio es reemplazada, y aquí si me es otorgada la licencia de ser tan minimalista y sencillo, por simple y llana esperanza. Y en ese punto, la catarsis, la purificación; no por el fuego como era la bárbara usanza católica, sino por la palabra, la siempre pródiga y verdaderamente santa palabra, de las manos de uno de sus grandes exponentes, el maestro Jorge Luis Borges.

Los justos

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.

Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Este poema es un canto a la esperanza, a la gratitud por estar vivos; a la simplicidad del mundo, que enceguecidos por nuestra propia torpeza vemos cada vez más complicado. En la columna de Faciolince se encuentra un breve resumen de la interpretación hecha a este poema, por mi parte tomaré algo de allí y otro material recopilado en la red mientras escribo estas líneas.

Básicamente “el justo” es una figura propia de la mitología judeo-cristiana, indicativa de aquel provisto de santidad, usando el lenguaje comúnmente asociado. Reza el Talmud:

“En todo tiempo hay siempre treintaiséis justos sobre la faz de la tierra, cuando ellos desaparezcan el mundo acabará. No se conocen entre ellos y cuando uno de los justos muere es inmediatamente sustituido por otro. Se los representa como extremadamente modestos, humildes e ignorados por el resto de las personas”.

En resumen, estamos en este mundo gracias a la existencia de estos hombres.

“Nada más que veinte fanegas de tierra -respondió el turco- que labro con mis hijos; y el trabajo nos libra de tres insufribles calamidades: el aburrimiento, el vicio y la necesidad”, escribió Voltaire a quien Borges pinta cultivando el jardín de la virtud, en rechazo a las tesis de moral religiosa vacía y conformista de Leibniz. Evoca entonces a los amantes de la música, o ¿quién puede afirmar que no ha sido tocado al menos una vez por una pieza musical? A los que viven enamorados de las palabras, a aquellos que hacen bien su labor no obstante algunas veces no les resulte placentera. A la lujuria desenfrenada de los amantes y también a aquel que goza de uno de los amores simples, el amor por los animales. A aquellos que cuando niños fueron tocados por “La isla del tesoro” y siendo ya adultos por el doctor Jekyll. Al que regala el olvido, porque el mismo Borges lo describió como el único perdón y la única venganza. Y sobre todo a aquellos que practican la tolerancia cada día.

Cualquier persona que me conozca sabrá que no soy un hombre de esperanzas, de hecho me parece un poco extraño que un hombre viejo las tenga, pero hoy por la gracia de la palabra he decidido serlo. Hoy decido, al menos mientras escribo traicionar mis propias ideas, porque quienes no lo logran siguen bañando el mundo en sangre. Hoy no esperaré que el azul Melancholia complete su órbita mortal, y borre para siempre este miserable mundo. Deseo ser solidario con las palabras de un hombre, porque caminó en la misma plaza que yo y quiero imaginar que también él se encontró esperando perder la cordura como Nietzsche, quien tal vez nunca renunció a la desesperanza.

Porque en su último verso Borges nos dice que estos justos son simples extraños, que ni siquiera ellos mismos saben que lo son, así que tal vez uno de ellos está leyendo estas palabras, o varios, o ninguno; o quizá sea buena idea empezar a comportarse como tal, y al menos así estar seguro de que hay un injusto menos en el mundo.

domingo, 16 de agosto de 2009

Miedo...

Pasada ya la fase de augurios y deseos para algunos de mis seres queridos, retorno nuevamente a mi foso iconoclasta. El día de hoy quiero tocar un tema bastante sensible a mi juicio, dado que gracias a él vivimos o morimos, aceptamos el patíbulo o huimos de él: EL MIEDO. Ya en un post anterior mencioné este término, el que acuñé bajo la frase "interminable combustible del sufrimiento humano".

Darwin en "El Origen del hombre" describía el miedo como una sensación idéntica en el hombre que en cualquier otra especie, incluso en las inferiores

"...obra sobre ellos el terror como sobre nosotros; causa en ambos temblor en los músculos, palpitaciones en el corazón, una relajación en los esfínteres y el erizamiento de los pelos..."

Bueno, no es necesario hacer una cita a Darwin para saber que el miedo subyace en todos como un instinto natural, al igual que en cualquier animal con un mínimo de inteligencia, y actúa de la misma forma, tal como describe la observación anterior. Todos hemos sentido el pánico ante el más mínimo indicio de riezgo de nuestras vidas, o cualquier hecho que pueda afectar nuestro bienestar. Se disparan las alarmas y todo un conjunto de acciones físicas comienzan a ejecutarse dentro de cada uno.

Pero este miedo es fácil, es visceral, se siente sobre la piel y debajo de ella, ese no me interesa, no tengo duda de su existencia, ni sus objetivos ni de sus motivos, el que realmente me interesa es el otro miedo, el creado por nuestra mente. No aquel que se siente bajo la amenaza sino el surgido en respuesta a la incomodidad que implican situaciones de nuestra vida.

Hay un tipo de miedo que me genera bastante curiosidad y es aquel que ha sido impuesto por las religiones. Para aquellos que hemos crecido bajo la influencia de las religiones occidentales es natural encontrarnos con un miedo infundido o proveniente de ellas, al final, una creencia fundamentada en un concepto como el "pecado" que debe ser pagado tarde o temprano, definitivamente tiene que terminar por minar la psique de generaciones enteras. En lo personal no concibo una fe que proponga un concepto de tales características solo con el propósito de temer, basar una fe en el miedo no es realmente algo lógico, claro funciona a la perfección, pues explotar los miedos humanos es realmente sencillo.

"...se haría imposible la tranquilidad de la contemplación y la impresión de lo sublime se perdería dejando paso al miedo, en el que el afán del individuo por salvarse desbancaría cualquier otro pensamiento..."

En miedo más frecuente, aparte del instintivo claro, es algo a lo que podría llamar el "miedo social", que es aquel que impulsa a las personas a tomar o no acciones de acuerdo con la presión que ejerce su entorno sobre ellas. En realidad, el temor al rechazo social o a los designios sociales creo que definen en mayor medida la forma de actuar de las personas. Sus pequeños grupos, familiares, laborales, etc., determinan la forma de tomar decisiones, hasta el grado
de olvidar los deseos individuales, por rendirse ante los deseos del colectivo.

El señor Nietzsche describe este comportamiento en una magnífica metáfora llamada "el mártir a las malas"

"Había en un partido un hombre tan miedoso y cobarde que nunca se atrevía a contradecir a sus camaradas; éstos le utilizaban para todo y no había cosa que no consiguieran de él, pues le tenía más miedo a lo que pensaban sus camaradas que a la muerte: era un pobre de espíritu. Aunque su cobardía le hacía decir siempre "no" interiormente, sus labios decían siempre "sí"...hasta el cadalso, cuando murió por las ideas de su partido. Ello fue gracias a que tenía al lado un camarada que le dominaba con palabras y miradas, hasta el extremo que soportó la muerte con ánimo y acabó pasando a la posteridad como un mártir y como un hombre de gran carácter"

Vaya historia la que nos trae el gran Nietzsche, un hombre capaz de llevar hasta la muerte la mentira de una idea, cuando en realidad no era la suya, sólo la máscara impuesta por los demás.

Conozco muchas personas capaces de hacer eso, de renunciar a sus propias vidas por llevar siempre la máscara de las ideas ajenas. Son mártires perfectos, sufren por otros, se juzgan de una forma tan implacable que Dante se ha quedado corto al describir sus infiernos. Pero el mundo realmente desea mártires de la mentira? personalmente no lo creo. Los estimula tal vez, los ensalza, le encantan, pero no los necesita. Buenas esposas, buenos hijos, buenos amigos,... se condenan a sí mismos por satisfacer egos propios y ajenos.

Vivimos en la "sociedad del éxito" donde el fracaso está terminantemente prohibido, donde perdimos el derecho a equivocarnos, y por allí también, el derecho a corregir cualquier error. Debemos ser exitosos, tener posesiones, matrimonios "felices" familias perfectas, carreras perfectas, en resumen sin ninguna posibilidad de error. Zaratustra tiene un párrafo ideal que describe el corazón de este miedo:

"Te enojas, perro de fuego: ¡así, pues, tengo razón en lo que he dicho sobre ti! Y para seguir teniéndola, oye algo de otro perro de fuego: éste habla verdaderamente desde el corazón de la tierra.
Oro sale de su boca al respirar, y lluvia de oro: así lo quiere su corazón. ¡Qué le importan a él la ceniza y el humo y el légamo caliente! La risa sale revoloteando de él como una nube multicolor; ¡desdeña el gargareo y los escupitajos y el retortijón de tus entrañas!
Pero el oro y la risa - los toma del corazón de la tierra: pues, para que lo sepas, - el corazón de la tierra es de oro."

He allí una buena razón para el miedo social, perder su abrigo, su comodidad, sus lujos, su posición, quién en sus cabales renunciaría a una posición social privilegiada a cambio de la sublime pero etérea libertad? muy pocos, me atrevería a afirmar... por ello, el corazón del mundo es de oro.

Ahora, hay un tipo de miedo, que no conocía hasta hace muy poco, el miedo a ser felices, o al menos a intentarlo. Personas que cuando se enfrentan a la posibilidad de encontrar un camino menos tortuoso para sus vidas escogen el más difícil. Bueno, en parte porque el más difícil es el "correcto" según sus medios sociales, pero al fin una gran contradicción.

Creo que al final de la historia el único miedo que existe es el miedo al cambio, a enfrentar las situaciones nuevas, sean buenas o malas, al fracaso, al error, a estar solos, a salir de todo aquello a lo que estamos acostumbrados por muy difícil que sea. La comodidad es algo que todos buscamos, y salir de esa comodidad definitivamente nos aterra. Es extraño encontrar seres humanos que se sienten cómodos en el sufrimiento, en la autodestrucción, la desesperanza o lo que sea el círculo vicioso en que nos encontremos; aún en esas circunstancias el miedo nos invade e irremediablemente terminaremos optando por aquello que nos resulta conocido, aquello que hemos aprendido. Alguien me decía hace poco "somos lo que hemos aprendido" y si crecimos teniendo miedo, viviremos en medio de él, a menos que deseemos cambiarlo, claro.

En cierta oportunidad escribí un poema para alguien donde describía mis miedos, con la esperanza de dar a conocer algunos de mis más profundos sentimientos, creo que a un hombre se le conoce por sus miedos y por los motivos de su risa. De nuevo Nietzsche nos proporciona una idea de uno de los más grandes temores del hombre, el cual acepto que en este momento forma parte de los míos, obliga a más de una persona a ceder antes de tener enfrentarse con la realidad de un inminente nihilismo:

"El miedo profundo y suspicaz a un pesimismo incurable es lo que constriñe a milenios enteros a aferrarse con los dientes a una interpretación religiosa de la existencia: el miedo propio de aquel instinto que atisba que cabría apoderarse de la verdad demasiado prematuramente"

Como no todo puede ser malo y gracias a la necedad de Pandora, siempre debe existir una esperanza, encontré un texto que describe un tipo de miedo que quien lo ha sentido puede dar cuenta de tan maravillosa sensación, el miedo que infunde el encuentro, el temblor que produce la emoción de la pasión, del deseo. García Márquez lo introduce con magistral belleza

"...Meme lo esperaba, desnuda y temblando de amor entre los alacranes y las mariposas, como lo había hecho casi todas las noches de los últimos meses..."

El final de esa historia lo dejo para quien desee saber un poco más. Quienquiera que haya leído "Cien años de soledad" recordará a que parte de la historia pertenece. Ojalá fuera el único miedo que habita dentro de un ser humano.

En fin, el miedo nos domina, determina nuestras posiciones, decisiones y futuro, un futuro que está en blanco pero algunos insisten en creer que ya está escrito a base de sus propios temores. El miedo seguirá siendo un combustible inagotable del sufrimiento, no en vano se encuentra en el medio de la rueda de la vida, alimentando los otros motores del sufrimiento. Hasta cuándo?

Sencillamente hasta que decidamos tomar las riendas de nuestras vidas, sus riesgos, y sus consecuencias. Aquellos que permiten que sus vidas decidan por ellos, definitivamente están condenados a agachar la cabeza y aceptarlo todo.

Hasta cuándo, tal vez esa pregunta se encuentre en la mayoría de las entradas de este blog, sencillamente porque la respuesta a esta pregunta siempre está allí, pero desafortunadamente siempre tiene que permanecer abierta, hasta que todos la cerremos por completo.

El poema que presento a continuación, lo envié en cierta oportunidad a alguien cuya constante en la vida ha sido el miedo. Miedo al fracaso, a la soledad y muy particularmente a la felicidad. Creo que no hay mejor forma de resumir lo dicho en este post.

Miedo a la vida

Tengo miedo, Señor, pero no de la noche,
tampoco de la sombra, menos de la tiniebla;
es miedo de la aurora —refulgente derroche—
como miedo del mundo, cuando el mundo se puebla.

Tengo miedo, Señor, no por valerme sola
ni por triste aislamiento o apartado retiro,
tengo miedo a la gente, a la imponente ola,
el vaivén de los seres en asfixiante giro.

Tengo miedo, Señor, de enfrentarme a la vida
con tantas exigencias, compromisos, deberes;
de no cumplir Contigo, no ser agradecida,
dejándome llevar de errados procederes.
Y temiendo en el día naturales contiendas,
te ruego: oye mi voz para que me defiendas.

Marilina Rébora

Bien, como siempre algo de música para alimentar corazones. En esta oportunidad traigo un tema de Tiziano Ferro, un artista italiano con un tema llamado "el miedo no existe", un tema maravilloso que como casi siempre dedico a aquellos que ven al miedo como el motor de sus vidas. La versión en italiano (La Paura Non Esiste) es excelente, para quien desee escucharla, en verdad la recomiendo (se encuentra en la radio del blog).

El miedo no existe



Dice:
"y cuando nada y cuando nadie ya te ofende
es el momento en el que verdaderamente
eres tú por lo que eres
y mirándote te quieres..."

Para completar esta entrada otra canción que me encanta, la hacen los "Héroes del silecio". Una buena pieza en donde se describe la realidad humana, las decisiones las tomamos NOSOTROS, nadie más.



Oración

Pierdo el tiempo pensando en lo esencial
que a veces dejo pasar.
¡Cuántos instantes he ignorado ya
capaces de haberme cambiado!

Y no hay oración
capaz de decidir por mí.
¡Oh, señor!, no queda otra opción
y jamás me vuelvo a arrepentir.

Siempre hay una disyuntiva
ante la cual siempre hay que elegir,
no queda otra alternativa
rápidamente hay que decidir.

Y no hay oración
capaz de decidir por mí.
¡Oh, señor!, no queda otra opción
y jamás me vuelvo a arrepentir.

Y no hay oración
capaz de decidir por mí.
¡Oh, señor!, no queda otra opción
y jamás me vuelvo a arrepentir ...

Otra... una bien romántica


Pdta: Estos post salen como notas en el facebook, el post original se encuentra aquí.

jueves, 25 de junio de 2009

Pandora y sus esperanzas

El día de hoy tuve que hacer algo demasiado difícil para mí, una decisión que tal vez debí haber tomado hace mucho tiempo, pero mi excesivo nivel de esperanzas en esa empresa siempre lo impidió. Ahora que la situación se ha resuelto por completo, no me queda más que aceptar las consecuencias de mis actos, y claro las de los demás involucrados; de allí la intensión de este post.

Sabía que tocar este tema era algo más que indispensable y obligatorio, sobre todo empezar a hablar sobre temas relacionados con ideas basadas en los textos de Nietzsche, pero “tomando en cuenta los últimos sucesos”, como diría Silvio, aceleraron un poco el tema.
Quiero usar un fragmento de un libro del señor Friedrich Nietzsche titulado “Humano demasiado humano” dedicado a las esperanzas:

"Pandora trajo la caja llena de males y la abrió. Era el regalo de los dioses a los hombres, un hermoso regalo de aspecto fascinante, llamado "la caja de la felicidad". Al abrirla, todos los males, que eran seres vivos con alas, salieron volando; desde entonces revolotean a nuestro alrededor y nos atormentan día y noche a los hombres. Sólo uno de los males se quedó dentro de la caja. Pandora cerró la caja por voluntad de Zeus y lo dejó dentro. Ahora el hombre posee para siempre la caja de la felicidad y piensa maravillas del tesoro que encierra; dispone de la caja y se sirve de ella cuando quiere, porque no sabe que la caja que trajo Pandora es la de los males y que piensa que el mal que guarda en el fondo es la mayor de las felicidades: se trata de la esperanza. Efectivamente, Zeus quería que, por grandes que fueran los tormentos que le causaran los otros males, el hombre no rechazara la vida y siguiera dejándose atormentar siempre. Por eso dio al hombre la esperanza que es, en realidad, el peor de los males, ya que prolonga el tormento de los hombres."

Ahora que lo pienso, este fragmento está bastante relacionado con el ensayo de Camus sobre Sísifo, en donde la conclusión principal está en la esperanza de que cada vez que se empieza a subir con la roca sea la última vez, o que al menos siempre va a valer la pena hacerlo.
La mayoría de los detractores de Nietzsche le consideran un gran filósofo, pero le tildan de “matar las esperanzas”, creo que el texto anterior es una pequeña prueba de ello, pues nadie desea un hombre sin esperanzas, pero igual, vale la pena la esperanza por el mero hecho de tener una?

Ahora, no se debe dar por descontado que uno de los principales enemigos de Nietzsche eran las ideas basadas en las religiones judeo-cristianas, las cuales combatió a lo largo de su vida y obra. Esas ideas que proporcionan esperanzas o ilusiones más allá de este mundo, en uno prometido por un Dios, al cual nos hacemos merecedores si seguimos sus reglas en este. Tomando como base este hecho, se puede pensar que la idea de este texto no es simplemente criticar la existencia de la esperanza entre los hombres, sino la de conservar la esperanza de una “existencia” llena de gozo en otro lugar del que nadie puede dar cuenta, siempre y cuando estemos de acuerdo con el esquema de valores sociales, culturales y religiosos necesarios para alcanzar dicho lugar. Por su puesto, es fácil prometer algo de lo cual nadie puede dar razón, y a ello nos aferramos con testaruda obsesión. Creo que a eso es a lo que realmente hace referencia el gran Nietzsche.

Pero, si dejamos a un lado esa idea tan generalizada de esperanza y nos restringimos a una más a corto plazo, a una dentro de esta vida, cuál sería nuestra posición al respecto?

En lo personal creo que cultivar esperanzas en circunstancias, que de entrada sabemos son tan poco viables que rayan en lo imposible es un acto casi masoquista, pero natural, al parecer por defecto venimos predeterminados por una necesidad inerme a sufrir; por ello cultivar esperanzas vacías nos encanta. Desde muy pequeños, nos enseñan que las esperanzas son buenas, que siempre son útiles y que de alguna manera casi mística proporcionan una fuente de buena fortuna, una especie de amuleto que ayudará a cumplir nuestros deseos. El problema con este enfoque, está en el hecho que no nos enseñan a discriminar de una forma coherente las esperanzas, y se sobrevaloran de tal manera que vivir el presente no nos agrada y preferimos, usando nuestro oráculo, vivir un tiempo que ni siquiera ha llegado; en resumen, aprendemos a sufrir ahora por lo que sucederá en el futuro.

Las pequeñas esperanzas, como los amores idos que no regresarán, objetos perdidos que nunca serán recuperados; o las cándidas, como pensar que las palabras que han salido de nuestras bocas se las llevará el viento y serán olvidadas,
o al extremo, echar el tiempo atrás, constituyen el racimo de pequeñas trampas auto impuestas para aligerar la carga que puede llegar a representar el diario vivir, pero que a la larga si se miran con un poco más de cuidado, no son más que una piedra adicionada a la maleta que cada uno pueda llevar a cuestas.

Quisiera pensar que las palabras de Nietzsche, están encaminadas a eliminar estas pequeñas cargas en la vida de los seres conscientes, ilustrar que llevarlas en nuestras espaldas puede representar, tal vez no el mayor, pero sí uno de los más grandes males que se puede alimentar, usándolos como vanos motivos para seguir adelante en un camino empedrado tal como se describe en la historia de Pandora.
La razón por la cual los dioses, quisieron atormentar a los hombres con la esperanza es un verdadero enigma, al igual que la carga impuesta a Sísifo, simplemente está allí. Se podría pensar que es un acto cruel para con sus protegidos o sus creaciones, dar un regalo envenenado y engañoso, pero al fin de cuentas ellos no desean que sus creaciones rechacen su más preciado don, el de la existencia.

Efectivamente, Zeus quería que, por grandes que fueran los tormentos que le causaran los otros males, el hombre no rechazara la vida y siguiera dejándose atormentar siempre. Por eso dio al hombre la esperanza que es, en realidad, el peor de los males, ya que prolonga el tormento de los hombres.

Pero si la existencia no es un tormento, si en cambio la verdadera esperanza que se debe cultivar es aquella de la auto trascendencia en esta vida y en este mundo, como describió Nietzsche en una de las principales obras, sin esperar a otra(s) vidas y lugares, la situación cambia. Se trata entonces de una tarea oculta, diferente a estar buscando el final del arcoíris, cegados por las pequeñas esperanzas que no ocultan más que pesares que deben ser soportados a cualquier precio, un precio que debe pagarse por el simple hecho de estar vivos.

Cualquiera diría "qué sería de la vida de un hombre sin esperanzas?", pienso, en un impulso de optimismo y "verdadera esperanza" que quizá podría decidir qué hacer con su vida y hasta cuándo desea seguir con ella adelante, sencillamente sería libre de elegir.


Para finalizar, como siempre dejaré algo para alimentar nuestros oidos y corazones. Hacer referencia a las esperanzas me ha hecho buscar dos obras maestras. La primera de ellas es una joya de Pink Floyd, a mi juicio una banda a la cual se le debe mucho de lo que disfrutamos hoy en día en lo que a progresivo respecta. La canción se titula "High Hopes", del album, "The division bell", por fortuna tienen lyrics en español.

Pdta: Estos post salen como notas en el facebook, el post original se encuentra aquí



La segunda pertence a una de mis bandas favoritas, Anathema, aún nadie termina por decidir a qué género pertencen, algunos dicen que doom, aunque para mí no lo es mucho. En resumen, el tema se titula "Forgotten hopes" del album Judgement, dedicada a todos aquellos que sufren, o sufrimos, de cualquier tipo de adicción y no logran salir de ella, en la mayoría de los casos porque sencillamente no desean hacerlo, les resulta más cómodo continuar el sufrimiento al que están acostumbrados y han olvidado que siempre hay una salida.



Hey you rotting in your alcoholic shell
Banging on the walls of your intoxicated mind
Do you ever wonder why you were left alone
As your heart grew colder and finally turned to stone

Did I punish you for dreaming?
Did I break your heart and leave you crying?
Do you ever dream of escaping...
Don't you ever dream of escaping?

Pathetic oblivion
Forgotten hopes buried in your soul's lonely grave
Pathetic oblivion
Remember how you were before you locked your heart away

Did I punish you for dreaming?
Did I break your heart and leave you crying?
Do you ever dream of escaping...
Don't you ever dream of escaping?