Sobre qué?... cualquier cosa, música, filosofía, poesía, y lo que sea que se nos venga a la cabeza.
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lunes, 2 de noviembre de 2009

Eso que has dejado...

"...Es eso que has dejado lo que persigues, si quieres saber lo que eres, tendrás que preguntárselo a las piedras y al agua, si quieres descifrar el idioma en que hablan los brujos de tus sueños, interroga las fábulas que te contaron la primera noche ante el fuego. Porque no hay río que no sea tu sangre, no hay selva que no esté en tus entrañas, no hay viento que no sea secretamente tu voz y no hay estrellas que no sean misteriosamente tus ojos. Dondequiera que vayas llevarás esas viejas preguntas, nada encontrarás en tus viajes que no estuviera desde siempre contigo, y cuando te enfrentes con las cosas más desconocidas, descubrirás que fueron ellas quienes arrullaron tu infancia".

Este es el último párrafo de "El país de la canela", creo que tan bella obra no pudo terminar con mejores palabras. Después de tanto postergar su final, tuve que hacerlo.

De nuevo traigo al caso la búsqueda, la eterna búsqueda, producto de nuestra propia ignorancia, que nos impulsa a buscar lo que no se puede encontrar. Porque no hay nada importante que no haya sido descubierto ya, no hay respuestas útiles que no hayan sido dadas.

Como siempre una buena canción. Para hacer honor a tan bello párrafo, no puedo dejar algo de inferior calidad. En ambos casos la poesía ha trasmutado en otras formas, en la prosa del cierre de una carta, y en música en la voz de Mercedes Sosa. Un canto al viento, al mundo, a las sombras de cada quien.

Creo que muchos nos hemos hecho la misma pregunta miles de veces, en las largas noches, en madrugadas sin fin.



Pdta: Estos post salen como notas en el facebook, el post original se encuentra aquí

domingo, 4 de octubre de 2009

Sobre la autodestrucción...

Hace un par de días, escuchaba una buena canción llamada "Crestfallen" (algo así como deprimido y sin espíritu), no la dejo aquí pues tiene un sonido un poco fuerte para la linea que he tratado de llevar, es un sonido rústico y apenas trabajado de la época en que nacían, o mejor, se constituían como tal, los géneros hoy conocidos como gothic o doom. El motivo por el cual la traigo al caso, es porque mientras seguía su mensaje me encontré con unas palabras que hace días estaba buscando para tocar un tema en este espacio. Más o menos una versión en español del fragmento que me llamó la atención es la siguiente:

"...Toda emoción es consumida por un silencio interno
todo dolor es insatisfecho por lágrimas desconsoladas
No deseo nada, vivo por nada
Estoy esperando a morir pero tengo miedo de hacerlo

Señor, en tu piedad, escucha mi súplica..."

Creo que muchos, si no todos, hemos estado en algún momento de nuestras vidas en épocas de autodestrucción; donde palabras como "Estoy esperando a morir pero tengo miedo de hacerlo" pueden cobrar un gran significado.

Usualmente estos períodos están asociados a grandes decepciones, por fortuna o tal vez no, tienden a ser pasajeros, y se desvanecen ante la próxima ilusión, para así continuar con ese pequeño ciclo en que viven los seres conscientes. Todo esto alentado por esa mágica capacidad que tenemos de olvidar, algunos le llaman curar, aunque yo lo llamo olvido, simple y vulgar olvido. De esa manera podría decir que estos ciclos son tan largos como el apego a aquel objeto que los generó. Sin embargo, conozco personas cuya forma de vida es esa, su vacío es tan grande que castigar sus seres perpetuamente es el camino que han elegido; me parece ver al mismo sísifo bajando y subiendo una empinada colina del averno en sus almas.

Nuestra capacidad autodestructiva no tiene límites, una gran prueba de ello es la nueva religión llamada "calentamiento global", a la que todos hemos adherido con sus dogmas, santos y demonios. Claro, estoy hablando a gran escala, aunque si todo una sociedad puede hacerlo, creo que es porque sus individuos pueden hacerlo aún mejor. Esa capacidad es algo innato en los seres humanos, tan arraigada como el odio, la avaricia y la ignorancia, los llamados "tres venenos".

Tal vez existen diferentes niveles de este fenómeno, el más común es el físico, donde nos entregamos a conductas en donde su corto placer, produce serios daños a largo plazo, creo que no es necesario entrar en más detalles al respecto. Otra forma común, pero mucho mejor disimulada, son aquellas relaciones interpersonales en que nos adentramos sin medir sus consecuencias emocionales. Aunque la peor de ellas puede ser un esquema de autodestrucción psicológica, basada en ideas que laceran la psiquis de un ser, que sólo conduce al camino de la desesperanza y la pérdida de todo sentido, hasta llegar a un posible colapso mental.

Hace poco, sostenía una conversación con una amiga musulmana, hago la aclaración de su credo, pues quisiera mostrar el pensamiento de las personas con culturas y credos diferentes a los míos. Al hablar respecto a este tema me dijo algo que me llamó bastante la atención, era algo como

"debes hacer cosas que siempre te retornen algo positivo, si no es así, solamente estarás derrochando tu tiempo y tu vida"

Algo bastante obvio, pero sin embargo muy valioso cuando alguien lo dice de esa manera. Nuevamente cito algo de "Humano demasiado humano" bastante acorde con lo que trato el día de hoy:

"...Nuestra filosofía, ¿no llega a ser una tragedia? La verdad, ¿no es hostil a la vida? Una cuestión asalta nuestros labios aunque no quiere ser enunciada: la de si se puede conscientemente permanecer en la contraverdad, o si en el caso de que fuere necesario hacerlo, ¿no sería preferible la muerte? Ya no existen deberes; la moral, como deber, está tan anonadada como la religión...

...¿es verdad que no queda más que una manera de ver que lleva consigo la desesperación, la disolución, el anonadamiento del yo? Creo que el golpe decisivo a la acción final del conocimiento lo dará el temperamento del hombre..."

En la mayoría de los casos, pienso, los sentimientos de autodestrucción están alimentados por una diferencia entre lo que somos y lo que deseamos, o mejor, un problema de aceptación, así que al final optamos simplemente por acabar con ese ser que odiamos al despertar cada mañana. Mientras no exista una reconciliación entre esas dos partes no habrá poder alguno que evite que la muerte en vida continúe, dado que soluciones más drásticas están prohibidas por nuestro esquema social, carente de algunas libertades elementales como esa, algo realmente cruel.

La reconciliación es un término usualmente acuñado para las relaciones interpersonales o los grupos sociales, sin embargo poco se dice respecto a la reconciliación de un individuo consigo mismo, a el acto de encontrar un punto de equilibrio entre lo que somos, lo que deseamos y lo que finalmente seremos. Espero algún día sea motivo de reflexión en todas las personas.

Finalmente, quisiera ver a los seres que amo lejos de estos círculos, pero sé que es una idea imposible, al menos espero que duren poco.

Para terminar dejo algo de Mercedes Sosa quien acaba de fallecer. Su música ha sido muy importante para mí, prueba de ello es que la he usado en varias oportunidades en este espacio. En este caso, se trata de una canción que me encanta y me llega al alma llamada "Piedra y camino". Esta abanderada de la libertad se ha ido.




A cambio de la original "Crestfallen" citada al comienzo del post, dejo una canción homónima. Debo admitir que es tal vez tan emotiva como la mencionada de Anathema. Aunque el género alternativo no me agrada, definitivamente esta es una verdadera rareza, más cerca de los ritmos más oscuros que acostumbro seguir, y el montaje hecho sobre "el fantasma de la ópera" le da un aire especial. La letra me impactó bastante y también la incluyo aquí... bueno, las palabras sobran.



Crestfallen

who am I to need you when I'm down
where are you when I need you around
your life is not your own

and all I ask you
is for another chance
another way around you
to live by circumstance, once again

who am I to need you now
to ask you why to tell you no
to deserve your love and sympathy
you were never meant to belong to me

and you may go, but I know you won't leave
too many years built into memories
your life is not your own

who am I to need you now
to ask you why to tell you no
to deserve your love and sympathy
you were never meant to belong to me

who am I to you?
along the way
I lost my faith

and as you were, you'll be again
to mold like clay, to break like dirt
to tear me up in your sympathy
you were never meant to belong to me
you were never meant to belong to me
you were never meant to belong to me

who am I?


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lunes, 6 de julio de 2009

Soberbia

El día de hoy quiero dejar a su vista uno de mis poemas favoritos, se titula "Soberbia" del poeta colombiano Porfirio Barba-Jacob. Sólo hay dos poemas que sé de memoria, este es uno de ellos.

SOBERBIA

Le pedí un sublime canto que endulzara
mi rudo, monótono y áspero vivir.
Él me dio una alondra de rima encantada...
¡Yo quería mil!

Le pedí un ejemplo del ritmo seguro
con que yo pudiera gobernar mi afán.
Me dio un arroyuelo, murmullo nocturno...
¡Yo quería un mar!

Le pedí una hoguera de ardor nunca extinto,
para que a mis sueños prestase calor.
Me dio una luciérnaga de menguado brillo...
¡Yo quería un sol!

Qué vana es la vida, qué inútil mi impulso,
y el verdor edénico, y el azul Abril...
¡Oh sórdido guía del viaje nocturno!
¡Yo quiero morir!

Barba-Jacob


En cuanto a una canción para hoy... he pensado en muchas, hace un par de días me encontré con una que no escuchaba hace muchísimo tiempo, es una verdadera joya de la música latinoamericana. LLeva por nombre "Canción de las simples cosas", y ha sido interpretado por varias personas, entre ellas Mercedez Sosa, quien la hizo muy popular. De todas las versiones que he visto, la versión que presento la hace Juan Fernando Velasco, un artista ecuatoriano que ha hecho adaptaciones excelentes de la música popular latinoamericana. Como siempre, espero les guste y me den sus opiniones al respecto



Creo que esta canción necesita de un comentario extra, definitivamente no pienso que el amor sea simple, o al menos no de la forma en que lo vivimos. Sin embargo hay algo que dice esa frase que sí es absolutamente cierto, sea simple o no, "lo devora el tiempo...". El tiempo, ese monstruo maravilloso que todo lo destroza, que todo lo cura, que todo lo borra; pero que contrario a nuestras creencias, todo lo trae de nuevo, de la misma forma que el monstruo de la impermanencia hace girar la rueda de la vida y la muerte entre sus garras y fauces. A esto supongo que dedicaré un post futuro. Por ahora dejo también la versión de Mercedez Sosa, que tiene una carga emocional más alta que las otras.




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jueves, 2 de julio de 2009

Existencia intrínseca

Un texto Zen presenta el siguiente debate, llevado a cabo por dos hombres Chao Chou y Wen Yuan, en el cual acordaron que quien ganara sería el perdedor y debía dar al otro una manzana, la conversación trascurre más o menos de la siguiente forma:

“Wen Yuan: Habla tú primero
Chao Chou: soy un burro
Wen Yuan: soy la panza de ese burro
Chao Chou: soy el excremento depuesto por el burro
Wen Yuan: soy el gusano en ese excremento
Chao Chou: qué estás hacienda en medio de los excrementos?
Wen Yuan: paso allí mis vacaciones de verano
Chao Chou:está bien, ahora dame esa fruta”

Como puede verse, Chao Chou es quien resulta derrotado en el debate, pero por qué?

Hace algunos años el maestro budista Mañjunatha (a quien hoy recuerdo con particular aprecio), cabeza del la sede en Mérida de AOBO (Amigos de la Orden Budista Occidental) me hizo la siguiente pregunta mientras discutíamos sobre el tema en cuestión: Imagina que tienes un vaso de agua en tus manos, luego lo bebes y luego lo orinas, en qué momento el agua deja de ser agua y pasa a ser tú, y en qué momento deja de ser tú y se convierte en agua nuevamente?

Yo podría agregar algo al interrogante de Mañjunatha, cuando el agua sale del cuerpo lleva una parte de nosotros qué ha sucedido, entonces existimos realmente como entidades intrínsecas, aisladas del entorno que nos rodea?

Pues bien, como mi estimado Mañjunatha me trataba de decir con su interrogante, el agua siempre fue agua y fui yo, de hecho en todas sus fases fuimos uno sólo, la misma conclusión que puede obtenerse del debate de los dos hombres, por esa razón el Chao-Chou se hizo acreedor a la manzana, mientras Wen Yuan pasaba sus vacaciones de verano en medio de los excrementos.

Un concepto muy importante que olvidamos con frecuencia es la nulidad de la dualidad sujeto-objeto, en la cual el objeto observado adquiere la condición de existencia propia debido a la presencia de aquel que le observa.

Ahora, si extendemos esta noción a nuestra concepción de existencia es claro que en algún punto se ha perdido la conexión con el universo que nos rodea. Cuando nos vemos frente a un espejo, tenemos la idea errada que estamos allí, plantados, observando un ser constante y permanente. Vemos nuestras manos e ignoramos que aquello que hace un segundo estaba allí ahora es diferente, que aunque para nuestra percepción pueda parecer invariante, en realidad ha cambiado en gran medida bajo la superficie. Cuando vivimos en función de alimentar la concepción de invariabilidad de nuestros cuerpos y seres, olvidamos por completo los cambios que de forma permanente se están dando, no sólo allí, en el universo en general. Reforzamos nuestra percepción de ser entidades independientes, únicas y aisladas. Estamos abrazados a un cuerpo que en últimas no es más que un conjunto de moléculas no muy distante del de un árbol, un ave o cualquier otro ser inconsciente, a lo cual le llamamos yo, un yo aislado y perfectamente discriminado de cualquier otro ente en nuestro entorno.

La percepción personal de nuestro ser es diferente respecto a la que otros pueden observar de nosotros, sin embargo en ambos casos se hace referencia al mismo individuo. Es claro entonces que no somos tan invariantes como pensamos, que no somos tan únicos como nos han hecho creer, sino que somos una construcción mental basada en las percepciones; sencillamente dependemos de las condiciones del observador que en últimas es quien termina por dar las características de lo observado.

En la vida moderna hemos llegado a extremos de este concepto, la percepción propia depende de un conjunto de reglas externas que siempre estamos en la carrera por satisfacer, de lo contrario somos anulados, incluso por nosotros mismos. Así, validamos nuestra concepción propia dado que nos ajustamos a patrones de conducta impuestos por agentes externos, algo como “existo, porque soy lo que ellos dicen que debo ser”. Al final del día lo único que estamos logrando, es aumentar el descontento y el sufrimiento inherente a la vida consciente, reforzando el concepto de permanencia y alimentando la búsqueda de un ideal que sencillamente no existe, una autoafirmación tomando como base una imagen preconcebida o impuesta.
La solución… está dada.


Para finalizar, dejo una canción de Fito Páez titulada "yo vengo a ofrecer mi corazón". En este caso corresponde a una versión interpretada en el concierto de "Todas las voces todas". El por qué de esta canción en particular, sencillamente es la solución, sin mencionar que me trae recuerdos maravillosos y dedico especialmente a esas personas que aún piensan que el mundo son bienes, que de esa manera validan su existencia, y a cada momento se apegan a ellos como su única tabla de salvación, incluso las demás personas.




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