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lunes, 2 de noviembre de 2009

Eso que has dejado...

"...Es eso que has dejado lo que persigues, si quieres saber lo que eres, tendrás que preguntárselo a las piedras y al agua, si quieres descifrar el idioma en que hablan los brujos de tus sueños, interroga las fábulas que te contaron la primera noche ante el fuego. Porque no hay río que no sea tu sangre, no hay selva que no esté en tus entrañas, no hay viento que no sea secretamente tu voz y no hay estrellas que no sean misteriosamente tus ojos. Dondequiera que vayas llevarás esas viejas preguntas, nada encontrarás en tus viajes que no estuviera desde siempre contigo, y cuando te enfrentes con las cosas más desconocidas, descubrirás que fueron ellas quienes arrullaron tu infancia".

Este es el último párrafo de "El país de la canela", creo que tan bella obra no pudo terminar con mejores palabras. Después de tanto postergar su final, tuve que hacerlo.

De nuevo traigo al caso la búsqueda, la eterna búsqueda, producto de nuestra propia ignorancia, que nos impulsa a buscar lo que no se puede encontrar. Porque no hay nada importante que no haya sido descubierto ya, no hay respuestas útiles que no hayan sido dadas.

Como siempre una buena canción. Para hacer honor a tan bello párrafo, no puedo dejar algo de inferior calidad. En ambos casos la poesía ha trasmutado en otras formas, en la prosa del cierre de una carta, y en música en la voz de Mercedes Sosa. Un canto al viento, al mundo, a las sombras de cada quien.

Creo que muchos nos hemos hecho la misma pregunta miles de veces, en las largas noches, en madrugadas sin fin.



Pdta: Estos post salen como notas en el facebook, el post original se encuentra aquí

martes, 13 de octubre de 2009

De cuántos adiós...?

Esta semana mientras seguía una lectura, me encontré con un pequeño párrafo que me llamó mucho la atención:

"...yo me quedaba horas mirando ese río hecho de ríos, preguntándome cuántos secretos de mundos que no podía imaginar iban disolviéndose en una sola cosa, ciega y eterna, que resbalaba sin saber a donde, llevándonos también en su ceguera a la disolución y al olvido..."

El contexto es sencillo, un navegante perdido en medio del Amazonas, mientras observa como miles de pequeñas corrientes y afluentes contribuyen a alimentar la endemoniada serpiente.

Sin embargo, el motivo por el cual me llamó la atención no es ese, mientras la leía, no interpretaba en sí las palabras en ese contexto, en realidad en ese momento pensaba de cuántas vidas está hecha la vida de un hombre, la forma como entran, se entrelazan con nuestros caminos, modifican nuestros destinos, y en la mayoría de los casos vuelven a salir de nuevo; es decir, las vidas que se convierten en pequeñas corrientes, medianos afluentes, o grandes caudales para nuestra propia existencia. Hace algún tiempo en un post que en realidad era una dedicación especial, presenté un bello poema de Victor Hugo llamado "te deseo", un fragmento de éste relacionado con lo anterior reza:

"...Deseo también que plantes una semilla,
por más minúscula que sea, y la
acompañes en su crecimiento,
para que descubras de cuantas vidas
está hecho un árbol..."

Creo que pocos alguna vez hemos pensado, cuántas vidas puede ver pasar un árbol en su eterna rigidez.

Pero quiero llegar más allá, no sólo basta con pensar de cuántas vidas o cosas o situaciones puede estar hecha la vida de una persona, hay un punto aún más importante que es el motivo de la entrada del día de hoy, y es de cuántos adiós está hecha una vida?

En cierta oportunidad alguien me dijo:

"...no me digas adiós que está demasiado lejos, incierto, y siento miedo, dime hasta pronto, porque sabemos que no pasará mucho y seguirás a mi lado..."

bellas palabras, diría yo.

Tememos al adiós porque significa que aquel motivo de nuestro apego no estará más con nosotros. Y por encima todo, porque el adiós es sinónimo de dolor. No en vano el apego es la raíz del dolor. construir duelos es muy doloroso, con sus etapas, avances y retrocesos, con sus días tranquilos y sus pequeños infiernos. Hemos llegado a extremos como inventar rituales de despedida, con tonadas y libretos, como la más perfecta obra teatral, sólo por alimentar nuestro 'yo' herido. Bueno, debo aceptar que gracias a esta costumbre existe mi obra clásica favorita "El Requiem" de Mozart. Como si ello fuera poco, nos negamos a aceptar la pérdida de nuestro objeto de deseo, perpetuando el sufrimiento cuanto sea necesario en esa vacía empresa.

A mi corta edad son muchos los adiós que he acumulado, lugares donde he vivido por años, ciudades, países, y sobre todo personas, cada uno asociado a diferentes etapas en mi vida. Etapas, tan simples como el crecimiento, la educación, la vida profesional, y aquellas buscadas por mí mismo, relaciones afectivas, ciclos y más ciclos, muchos muy bien cerrados, otros no tanto. Creo que ya han sido tantos que mi memoria, por mi propio deseo o no, ha borrado muchos de ellos.

Todos dejan huellas, según si la experiencia ha sido grata o no, pero más importante que ello, dejan enseñanzas. Errores que se comenten, cosas que se debieron o no haber dicho, hecho y hasta pensado. Sin embargo, como el tiempo corre en un único sentido, no queda más remedio que asumir estas pérdidas o ganancias de la manera más digna posible, dado que sabemos que no se pueden evitar estos procesos.

Una cosa importante que puede ser útil recordar, es que estos hechos siempre están acompañados de cambios, y los cambios por muy dolorosos que sean, por más que nos neguemos a aceptarlos y efectuarlos, siempre traerán algo positivo, así sea minúsculo en comparación con nuestra negativa percepción de la situación. Al final nos guste o no, los adiós son los indicadores del fin de un ciclo, de una era en las vida de cada quien, y simplemente corresponde a cada uno afrontar.

A pesar de todo esto no podemos saber cuántos faltan aún, una infinidad pienso, pero, indudablemente estarán allí. En mi acostumbrada pregunta, hasta cuándo?

Bien, pienso que estaremos diciendo adiós hasta el último de nuestros días, tal vez es la última cosa que pasará por nuestras mentes, tal vez después de haber deseado decir este último adiós mil veces ya...

Para terminar, una frase que leí hace un par de días y me ha gustado bastante, al menos es la forma en que trato de vivir mi vida:

"...Se puede amar, aún en el adiós..."

Cada cuál la interpretará de la mejor manera...

Como siempre algunas buenas canciones. En este caso están muy relacionadas con el tema de hoy, en un mundo donde los adiós son la constante y son un motivo de culto por nuestra sicologicamente frágil sociedad, no es para nada difícil encontrar temas relacionados. En fin, están asociadas con los últimos párrafos, dedicados al último adiós, de hecho ese es su nombre. Voy a dejar tres, la última con ritmos más familiares a los gustos latinoamericanos, no quiero que mis dos únicos lectores me dejen solo. Esta vez no hay dedicaciones a nadie en particular, creo que a van dirigidas a todos, pues es una constante en la vida de cualquier ser consiente.

Canción del adiós (Los nocheros)



One last goodbye (Anathema)




My last goodbye (Lacrimosa)





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domingo, 6 de septiembre de 2009

...hasta el cuello

Estoy de pocas palabras en los últimos días. Hay algunos temas que quisiera tratar pero finalmente no me decido a hacerlo. Sin embargo no quiero dejar abandonado el blog por completo, así que sólo hago un pequeño comentario en día de hoy.

Hace algunos días alguien quien leía uno de mis post, me dijo que había abandonado la lectura debido a que le parecía demasiado "sombrío". Pues bien, tal vez tiene razón, muchos de mis post son sombríos como dice esta persona. Sin embargo trato de cumplir un objetivo con ellos, no es precisamente aquel de infundir desesperanza o algo similar, de hecho es todo lo contrario. Cuando expongo algunos temas, busco reflexionar un poco al respecto, y en la misma medida que quien los lea también lo haga. Voy a usar una frase un poco fuerte pero muy diciente que leí hace poco, decía algo como:

"estamos en un estanque con la mierda hasta el cuello, y lo único que nos preocupa es que nuestro vecino pueda llegar a hacer una ola".

Hago un llamado a esta frase porque el objetivo de muchos de mis post es precisamente ese, dejar de pensar en la ola del vecino, y concentrarnos en salir del lugar donde nos encontramos. Hace algunos día leía la novela "El país de la canela" de William Ospina (lo recomiendo muchísimo), en medio de la lectura, me encontré con una frase que me sacó de la tranquilidad con que leía en ese momento, está un poco asociada con lo que he dicho aquí.

"...Dijeron que aunque los árboles no ríen, nadie puede decir que están tristes. Que tal vez los árboles sólo están meditando, y rememoran las lunas que han visto, o los cuentos que susurra el viento en las ramas, o los recuerdos de los muertos..."

"...No es triste la selva cuando se oscurece, ni el jaguar cuando ruge, ni la llama cuando mira la blancura de las montañas..."

Como siempre juzgamos, miramos a los demás desde nuestra óptica, por lo general superficial, no tenemos ni la más lejana idea de que hay dentro de ellos, sólo con nuestra mirada no es posible acertar a afirmar qué es lo que encierra el corazón de un ser humano. Del mismo modo que el poeta dice: "nadie puede decir que están tristes... tal vez rememoran los recuerdos de sus muertos..."

Bueno, por ahora quiero dejar un poema maravilloso que leí hace tiempo y quería traer aquí, es de una poetiza norteamericana llamada Emily Dickinson. Lleva por título "cada pesar que me encuentro mido". La verdad cuando lo leí por primera vez me maravilló la sensibilidad expresada por su autora, que es capaz de ver que su sufirmiento no es único, que lo llevan todos bajo sí mismos, y lo mide, escruta dentro de esos seres atormentados el tamaño de sus miserias, las compara tal vez con la febril ilusión de mitigar las suyas propias. Realmente me llegan este tipo de poemas, es un escrito verdaderamente humano. Cargado de sentimiento, de miseria, de egoismo y de compasión, los adornos que llevamos a nuestras espaldas.

Cada pesar que me encuentro mido

Cada pesar que me encuentro mido
con ojos atentos y escrutadores...
Me pregunto si pesa como el mío
o si su tamaño es más llevadero.

Me pregunto si lo aguantan de largo
o bien si justo acaba de comenzar;
la fecha del mío no puedo decir...
como un dolor tan añejo es sentido.

Me pregunto si les dolerá vivir,
si por seguir en pie han de afanarse
y si elegir les fuera permitido
acaso no preferirían morir.

Noto que algunos, con harta paciencia,
al cabo restablecen su sonrisa...
imitando a una de esas lámparas
con una pizca de aceite provistas.

Me pregunto si al irse acumulando
los años...unos miles...sobre el dolor
que temprano les hiriera, tal lapso
pueda procurarles algún remedio.

O si aún continuarán padeciendo
a lo largo de siglos de coraje,
iluminados hasta un sufrimiento
comparado con el amor más grande.

Multitud son los afligidos, dicen,
multitud son las causas y variadas,
la muerte tan sólo es una y sucede
de repente y sólo clava los ojos.

Hay el penar de escasez o de frío,
hay eso que llaman “desesperanza”,
hay el destierro de ojos naturales
privados de ver el aire natural.

Y si bien su especie con exactitud
sea incapaz de precisar, aun así,
un vivo consuelo me proporciona
marchar de paseo por el calvario.

En los modelitos de cruz fijarme
y ver cuales son las que más se llevan,
fascinada mucho más al sospechar
que algunas son réplicas de la mía.

Emily Dickinson.

Para escuchar dejo una verdadera joya, de nuevo presento algo de Pink Floyd, en este caso del album "The Wall", la canción se titula "Hey you". Conseguí un video con subtitulos en español y con imágenes de la película que lleva el mismo nombre del álbum. De esta canción podría decir mil cosas, pero ella habla por sí sola, quiero como en la mayoría de las ocasiones, invitar a luchar...
mientras el bosque está en llamas, no nos podemos detener a observar la belleza del paisaje que aún no se quema...




Hey you

Hey you, out there in the cold
Getting lonely, getting old
Can you feel me?
Hey you, standing in the aisles
With itchy feet and fading smiles
Can you feel me?
Hey you, dont help them to bury the light
Dont give in without a fight.

Hey you, out there on your own
Sitting naked by the phone
Would you touch me?
Hey you, with you ear against the wall
Waiting for someone to call out
Would you touch me?
Hey you, would you help me to carry the stone?
Open your heart, Im coming home.

But it was only fantasy.
The wall was too high,
As you can see.
No matter how he tried,
He could not break free.
And the worms ate into his brain.

Hey you, standing in the road
Always doing what youre told,
Can you help me?
Hey you, out there beyond the wall,
Breaking bottles in the hall,
Can you help me?
Hey you, don't tell me theres no hope at all
Together we stand, divided we fall.

Tambien quiero aprovechar para dejar otra canción que una buena amiga me recomendó hace poco, la verdad no la conocía. Se trata de una banda colombiana, de Armenia para ser más exactos, la letra de la canción también fue tiltada de "oscura" por otra persona. La banda se llama Akash y la canción se titula "Una sonrisa al atardecer".




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